Por Sandra Romandía
A Daphne Caruana Galizia no la mataron sólo con un coche bomba el 16 de octubre de 2017 en Malta; la fueron cercando antes, con algo menos visible pero igual de eficaz: la desinformación.
Periodista de investigación incómoda para el poder de ese país, conocida por exponer redes de corrupción y vínculos revelados en los Panama Papers, Daphne fue convertida, durante años, en blanco sistemático de campañas de desprestigio; la ridiculizaron, la acusaron de mentir, la señalaron como enemiga, la aislaron del espacio público hasta erosionar su credibilidad ante una parte de la sociedad. Cuando finalmente fue asesinada, el terreno ya estaba preparado: no todos le creían, no todos la defendían.
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