Por Sonia Garza González*
El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que entró en vigor en julio de 2020, se encuentra en una coyuntura crítica. A medida que nos acercamos a la fecha límite del 1.º de julio de 2026 para la revisión formal de sus términos, el panorama geopolítico y económico ha experimentado transformaciones sustanciales. Las recientes declaraciones del presidente estadounidense, Donald Trump, al señalar que no busca una "simple renovación" del acuerdo, han inyectado una dosis de incertidumbre y urgencia a un proceso que, de por sí, se perfila como complejo y altamente técnico.
Esta revisión no debe entenderse como una mera formalidad administrativa, sino como una oportunidad estratégica para evaluar la resiliencia de las cadenas de suministro regionales, la competitividad de América del Norte frente a otras potencias globales y la adaptabilidad del marco normativo a una economía digital y sostenible.
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