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Por Stephanie Henaro

“La violencia puede destruir el poder, pero nunca crearlo.”

— Hannah Arendt

Donald Trump preside hoy una reunión sobre Gaza, prometiendo lo que llama un acuerdo “antes de fin de año”. Israel se prepara para un asalto total sobre Gaza City, donde cientos de miles de personas se refugian en un paisaje de ruinas. El enviado de la Casa Blanca descarta treguas parciales, convencido de que el conflicto se resolverá “de una vez por todas”.

Pero ese lenguaje diplomático choca con la realidad: más de 60,000 muertos desde octubre de 2023, entre ellos miles de niños. Dos treguas parciales solo sirvieron para liberar algunos rehenes antes de que el fuego volviera a empezar. Netanyahu insiste en destruir a Hamas y mantener “control de seguridad” indefinido en la Franja, mientras las familias de los rehenes claman en las calles por un acuerdo. La guerra en Gaza no se encamina hacia la paz, sino hacia una ocupación más prolongada y una herida abierta en todo Medio Oriente.

Y Gaza no es un caso aislado. Según el Índice Global de Paz, existen hoy 56 guerras activas en el mundo —la mayor cifra desde la Segunda Guerra Mundial—, con 92 países peleando fuera de sus fronteras. El planeta no solo está polarizado: está en llamas. Mientras la modernidad alardea de avances tecnológicos, el mapa político se reduce a trincheras, desplazados y ciudades devastadas.

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