Por Stephanie Henaro Canales

El mundo no siempre avanza. Hay derechos que una generación conquista y la siguiente da por hechos, hasta que descubre que la historia también sabe caminar hacia atrás. 

Esta semana, dos noticias separadas por más de 11,000 kilómetros volvieron a poner sobre la mesa una pregunta que creíamos resuelta: ¿cuánto vale realmente la autonomía de una mujer? En Afganistán, los talibanes cumplen cinco años construyendo un país del que prácticamente han borrado a las mujeres de la vida pública. Mientras que, en Estados Unidos, una corriente ultraconservadora comienza a discutir abiertamente si deberían mantener su voto individual. No son fenómenos equivalentes. Pero juntos revelan algo mayor: el orden liberal que durante décadas presentó ciertos derechos como universales está perdiendo capacidad —y quizá voluntad— para defenderlos.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.