Por Thelma Elena Pérez Álvarez*
La renuncia de Citlalli Hernández Mora a la Secretaría de las Mujeres parece ser un síntoma que revela parte de la instrumentalización de la lucha feminista en el marco narrativo de la 4T. Porque, cuando una de las principales figuras del feminismo institucional deja el cargo para integrarse a la maquinaria electoral de Morena rumbo al proceso electoral de 2027, el mensaje político refleja que la agenda de género puede ser reconfigurada o subordinada según las prioridades del poder.
El argumento que la presidenta Claudia Sheinbaum expresó en la conferencia del 16 de abril es que Hernández Mora dejó el cargo para “ayudar al partido”. De ese razonamiento emerge un subtexto más complejo que puede leerse como una manifestación del feminismo institucional populista neoliberal. Es decir, una forma de incorporación discursiva y performativa de las demandas feministas que coexiste con lógicas de acumulación de poder gubernamental. Este modelo no niega los derechos de las mujeres, sino los administra de manera simbólica, los integra al relato político y, en momentos críticos, los relega frente a objetivos estratégicos, en lugar de transformar las estructuras que generan la desigualdad.
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