Por Ursula Quijano*
audio-thumbnail
Audiocolumna
0:00
/329.28

Como me imagino le pasará a la mayor parte de las personas hoy en día (considerando a la generación Z, millennial y centennial), cuatro de las cinco conversaciones que tengo con amigas o en el ambiente profesional son sobre el cambio del mercado laboral, visto desde distintos lentes.

Como el filósofo Byung-Chul Han diría —a quien un día anhelo escuchar en persona— vivimos en una época de productividad desmedida. En La sociedad del cansancio, Han explica que ya no vivimos bajo una sociedad disciplinaria que nos exige desde afuera, sino bajo una sociedad del rendimiento, donde el mandato de producir más, mejorar y optimizarnos viene de nosotros mismos. El resultado, según Han, es cansancio, burnout y depresión. 

También vivimos en una época de recesión económica y complejidad para gestionar las finanzas de las empresas —desde las pequeñas hasta las más grandes—. México entró en recesión técnica en el primer trimestre de 2026, con una caída del PIB de -0.8% trimestral, después de un 2025 que ya había cerrado con un crecimiento de apenas 0.6%-0.8%. El 58% de la alta dirección en el país espera que la economía se estanque este año. A las empresas se les pide cada vez mayores márgenes para rendir cuentas a sus accionistas a costa, posiblemente, de recorte de costos, estructura, y sobrecarga laboral de colaboradores y colaboradoras.

El trabajo de las y los managers, se ha vuelto más estresante. No solo por el despliegue de la IA y el mandato absoluto de las y los directivos de integrarla en todos los flujos de trabajo, sino porque las mismas estructuras dentro de las empresas han cambiado y nuestros roles ahora contemplan muchas más funciones. No solo se es responsable de ventas, también de hacer contenido y de sostener una visión completa del negocio. Es parte de lo que significa ser manager en 2026: los roles se están volviendo más integrales y con ellos, también las habilidades que se nos exigen dominar. 

No me sorprende por qué se dice que ahora nadie quiere ser manager. El 67% de los empleadores en el país reporta dificultad para llenar estas posiciones. Y no es solo un problema de oferta: según una investigación de Gallup, cuando el sueldo es idéntico entre un puesto de liderazgo y uno de colaborador/a individual, solo el 8% elige convertirse en manager. Claramente, la presión se está ampliando hacia IA, liderazgo, y visión estratégica. 

Y, de forma transversal, siempre está y estará el hecho de que no vivimos para trabajar (o, al menos, no deberíamos). Las mujeres, en mayor medida, también vivimos para llevar a nuestros hijos e hijas al doctor, cuidar a padres enfermos, contratar y capacitar a la trabajadora doméstica, y otro sinfín de pequeñas y grandes tareas. Según la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT) 2024 del INEGI, las mujeres en México dedicamos 39.7 horas semanales al trabajo no remunerado, frente a 18.2 horas de los hombres, equivalentes a casi 3 horas diarias adicionales sobre nuestra jornada laboral completa. 

Es así que yo me pregunto. ¿Será que hemos estado viendo todo al revés? En múltiples e incontables ocasiones, he hablado sobre la importancia de tener una conversación sobre las implicaciones que tiene lo que pasa en la esfera privada (nuestras casas) en nuestro trabajo. No llegamos a las oficinas o a las juntas de trabajo dejando a un lado las enfermedades, las llamadas de atención en la escuela, en casa, la falta de leche en el refrigerador. Son cosas que nos pasan a diario, con mejores o peores rachas, desde un lugar de inmenso privilegio o de infinita necesidad.

¿Y sí pensáramos en la productividad del hogar como detonante de la productividad laboral? ¿Y sí aceleramos la creación de emprendimientos que usen agentes para facilitarle la vida doméstica a las mujeres? ¿Y si hacemos un despliegue masivo a un precio accesible de los nuevos asistentes de IA diseñados para aligerar la carga logística de las familias? ¿Y si (fuera de broma) nuestros esposos o parejas —que han aprovechado la tecnología un poco más históricamente—, nos apoyan en su diseño, adopción y mejora? 

Hablando de productividad, hago un pequeño ejercicio. Solo contando trabajo doméstico (sin incluir el cuidado directo de mis hijos, que no delegaría a un agente): 2 horas diarias de lunes a viernes, más un 40% de un día de 8 horas el sábado, dan 13.2 horas semanales de trabajo del hogar. 

Multiplicado por 52 semanas, son aproximadamente 686 horas al año. Si agentes de IA integrados lograran automatizar entre el 20% y el 30% de esas tareas —como sugiere ya el mercado de smart home, que pasó de 15.3 mil millones de dólares en 2024 a una proyección de más de 100 mil millones para 2034—, eso significaría recuperar entre 137 y 206 horas al año. Trasladado a jornadas laborales de 8 horas son entre 17 y 26 días completos que hoy se invierten en tareas que un sistema bien diseñado podría absorber (y yo, usar para otra cosa).

Es urgente que empecemos a hablar, probar, y crear esta nueva economía de la productividad en el hogar. Por la salud mental de todas las mujeres, por el derecho al descanso; por la productividad de las empresas; por un tema de justicia social y de redistribución de labores que no nacimos para hacer (salvo, diría yo, parir y dar leche a nuestros bebés), y por el crecimiento de nuestro país.

*Ursula Quijano es directora de Laboratoria en México, una organización pionera que empodera a mujeres en toda América Latina para construir carreras transformadoras en la economía digital. Cuenta con amplia experiencia en políticas públicas y un fuerte enfoque en la creación de alianzas estratégicas y la evaluación del impacto social.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.