Por Yohali Reséndiz
En Morelos, lo escriben en los chats privados, en los pasillos de gobierno: “Urrutia se va”, en referencia a la que parece inminente salida del Secretario de Seguridad Pública del estado.
Los más cobardes lo dicen en voz baja, con la mirada agachada y con la misma frase: “ésto ya se salió de control”.
Pero cuando llega el momento de señalar responsables o de exigir cuentas… todos dan un paso atrás y todos son inocentes. Ninguno rompe el pacto de asumir.
Lo que hoy vive Morelos no es una suma de hechos aislados, sino un patrón aprendido. Un sistema que echó raíces hace muchos gobiernos.
Un estado que se acostumbró a los primeros lugares en lo que le duele al ciudadano: despojo, extorsión, cobro de piso, homicidios, desapariciones, feminicidios, trata.
Los datos son reales, incómodos y existen. No es que no lo sepan. El problema es que nadie quiere cargar con la responsabilidad de decir quién permitió que esto creciera así.
¿Realmente ha sido la omisión de las autoridades del gobierno en turno?
¿O la incapacidad de las instituciones?
¿Quizá la infiltración del crimen en estructuras públicas?
¿O la comodidad de un sistema que aprendió a convivir con la violencia?
O es todo al mismo tiempo.
Y claro, se detiene a unos… pero otros siguen operando.Se anuncian golpes… pero los delitos y la percepción de las cifras no bajan; por el contrario.Dicen que hay coordinación… pero la percepción de la violencia es constante.
¿Quién está sosteniendo este equilibrio perverso? ¿A quién le conviene? ¿Quién lo ha dejado funcionar?
Hoy ya no hay silencio en el gobierno de Morelos, porque la incomodidad y las quejas ya llegaron a oídos de la presidenta Claudia Sheinbaum y, con ello, también la posible solución.
La gente en Morelos sí vive con miedo. Las víctimas se acumulan. Y la realidad se volvió más difícil de ocultar.
¿Qué falló? ¿Estrategia, información?
Ojalá los actores políticos tengan voluntad para asumir el costo de decir la verdad completa, porque todos van a dar un paso hacia atrás… y alguien terminará pagando el precio al frente para que lo fusilen.
¿Cuántos diputados darían un paso al frente y dirían: “yo no vuelvo a contender por un cargo político”, porque saben que su nombre ya está demasiado cerca de lo que nadie quiere investigar?
¿Cuántos alcaldes renunciarían hoy mismo si la vara fuera la responsabilidad real y no el cálculo político?
¿Cuántos van a soltar su campaña política para 2027?
¿Cuántos funcionarios podrían sostenerse en el cargo si se revisara, de verdad, el origen de sus decisiones, complicidades y silencios?
¿A cuántos les conviene que Morelos siga administrado por perfiles de medio pelo… para que el poder real nunca se mueva de manos?
Aquí no se trata solo de incompetencia.Eso sería lo menos grave.
Es un hecho que el silencio ha beneficiado a muchos.
¿Necesita Morelos que un militar de alto rango y amigo de Andrés Manuel López Obrador llegue a poner orden en la seguridad? ¿Y si él tampoco puede con el paquete, qué harán?
Porque podrán cambiar al mando…pero, si la red de complicidades sigue intacta, nada cambiará.
Pueden traer disciplina a Morelos,pero, si la corrupción se mantiene, se volverán a adaptar.
Pueden militarizar la seguridad en el estado…pero, si el poder político no se limpia, solo cambiará la cara del mismo problema.
Porque, mientras eso no ocurra, cualquier estrategia será superficial.
Llegará a Morelos un militar de alto rango, un general de súper nivel, cuyo apellido comienza con “B”, y, si llega, tendrá que estar dispuesto a tocar lo que nadie quiere tocar.
A investigar lo que incomoda.A exhibir lo que se protege.A romper con quienes han hecho de la política un espacio cómodo para convivir con la delincuencia.
¿Quién pagará el costo político, personal y de poder?
¿Quién sigue y dará un paso al frente y se irá del gobierno de Morelos por mediocre, servil e inoperante?
¿Quién más está dispuesto a renunciar?
¿Quién?
La visita de la presidenta Claudia Sheinbaum a Morelos está próxima. El anuncio que dará sobre la estrategia de seguridad será interesante, importante… pero no bastará cambiar a uno si no se arranca el problema de Morelos desde la raíz.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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