Por Yohali Reséndiz
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He leído la lista de los periodistas incómodos señalados desde Palacio Nacional, quienes, según el oficialismo, amplifican determinadas narrativas contra la 4T. Y pensé, sobre todo, en los que ya no pueden aparecer ni en ésa ni en ninguna otra lista.

Me refiero a los periodistas asesinados en este periodo de la 4T. En los periodistas desaparecidos.

En periodistas que han recibido una amenaza y no tienen el salario para comprar un vuelo o rentar un avión para irse, una casa extra donde esconderse ni dinero suficiente para sacar del país a su familia.

Pienso también en los que han solicitado protección y descubrieron que un botón, un número telefónico y el rondín ocasional de una patrulla afuera de su hogar, no pudieron detener la bala que los silenció.

Y entonces me pregunto:

¿Por qué esos periodistas no han logrado incomodar al gobierno lo suficiente?

ARTICLE 19 documenta 180 periodistas asesinados y 32 desaparecidos en México desde el año 2000.

Con Andrés Manuel López Obrador, entre 2018 y 2024, fueron asesinados 47 periodistas, y en lo que va de la administración de Claudia Sheinbaum, desde el 1 de octubre de 2024 a la fecha, han sido asesinados 14.

Alguien decidió terminar con sus vidas porque incomodaron con lo que investigaban, publicaban o denunciaban. Fueron incómodos y los callaron.

Eso tendría que incomodar mucho más que una crítica, ¿o no?

Muchísimo más que una columna o una investigación periodística que contradiga al gobierno que sea.

Los periodistas somos incómodos por naturaleza. Tenemos que serlo. Y vamos a incomodar a cualquier gobierno si hacemos correctamente nuestro trabajo.

El periodismo no nació para hacer sentir cómodo al poder.

Buscamos documentos que alguien preferiría mantener bajo llave, revisamos contratos, seguimos la ruta del dinero, escuchamos a las víctimas, descubrimos redes de corrupción, investigamos por qué desapareció alguien.

¿Eso incomoda?

Porque no es lo mismo que cualquier periodista pueda incomodar al poder con una investigación a que desde el poder se señale y se exhiba en una lista a periodistas como parte del grupito de los “incómodos”.

El foco cambia.

Y eso debería preocuparnos particularmente, no por victimismo ni dramatismo, sino por los antecedentes y la memoria.

Hace apenas unas semanas, el periodista Luis Ángel López Valdés fue asesinado en Veracruz. Tenía medidas de protección desde febrero. ARTICLE 19 documentó que su evaluación consideró bajo el nivel de amenaza y recibió medidas básicas que, una vez más, fueron insuficientes.

¿Ese fracaso no le incomodó al Mecanismo de Protección a Periodistas?

¿No les incomoda que un periodista amenazado pueda pedir ayuda a un programa de gobierno creado para resguardar y proteger y, aun así, termine asesinado?

¿No le incomodan al gobierno los periodistas desaparecidos?

¿No le incomodan las familias que aprendieron a vivir esperando una llamada de su hijo, de su papá, de su hermano periodista?

¿No les incomoda que haya reporteros trabajando en municipios donde investigar al alcalde, a la policía, al empresario poderoso o al grupo criminal puede significar poner en riesgo su vida o la de sus hijos?

¿Saben que en este país, para tener “noticias” y un “salario mínimo”, hay periodistas que manejan solos hasta comunidades alejadas?

¿Que toman fotografías y regresan mirando el retrovisor para saber si alguien los sigue?

¿Que reciben amenazas y mensajes desde números desconocidos?

¿Que ya no saben cómo cambiar sus rutinas?

¿Que dejan de publicar durante algunos días o meses por miedo?

¿Y quién les paga mientras tanto?

¿Que preguntan entre colegas si alguien conoce un lugar seguro?

¿Que algunos, simplemente, no tienen a dónde ir?

Ésa es la parte profundamente humana que suele desaparecer cuando hablamos de “periodistas incómodos”.

Detrás del periodista incómodo hay una persona que también tiene miedo y aun con miedo, muchas veces publica para poder tener un salario mínimo, básico, para medio sobrevivir.

Por eso el poder debería tener mucho cuidado cuando utiliza sus enormes plataformas para identificar a quienes lo cuestionan.

No porque los periodistas debamos ser intocables. No lo somos. Claro que nos equivocamos. Y cuando ocurre, debemos corregir, demostrar lo que publicamos, hacernos responsables y aceptar el derecho de réplica.

Pero el poder también tiene obligaciones.

Entre ellas, no utilizar sus instituciones, sus recursos públicos, sus fiscalías y un micrófono con capacidad de llegar simultáneamente a millones de personas para linchar mediáticamente a los “periodistas incómodos”, ¿que no piensan en su seguridad? Solo los exponen. 

¿Por qué mejor hacemos la otra lista?

La de los periodistas “incómodos” asesinados cuyos casos siguen sin justicia.

La de los periodistas incómodos desaparecidos que todavía no regresan.

La de los periodistas incómodos que tienen medidas de protección que no corresponden al riesgo que enfrentan.

O la de quienes dejaron el periodismo porque continuar significaba poner en peligro a su familia por sus reportajes “incómodos”. 

Ésa sí es una lista que México tendría que conocer y tendría que incomodarnos a todos. Sobre todo a nosotros, los periodistas.

Pero en un país donde asesinar y desaparecer periodistas sigue siendo una realidad, la verdadera preocupación debería ser que existan periodistas incómodos “silenciados”.

✍🏻
periodismoatodaprueba@gmail.com / @yohaliresendiz

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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