Por Adriana Sandoval 
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Hay alimentos que acompañan casi toda la vida. La leche suele ser uno de ellos: aparece en la infancia, en el café de la mañana, en la cocina, en recetas familiares y en hábitos cotidianos que a veces damos por hecho.

Un alimento que la naturaleza creó como tal, ingeniería aplicada desde que los mamíferos habitamos el planeta. Un balance perfecto de proteína, carbohidratos y grasas; un alimento completo

Y por eso vale la pena pensar en algo que pocas veces vemos: todo lo que ocurre antes de abrir el refrigerador.

La historia de un vaso de leche empieza mucho antes del desayuno.

En Lala comienza de madrugada: Exactamente a las tres de la mañana con el primer ordeño en algún rancho en México. Después vienen la recolección, el enfriamiento, el traslado, la producción y la distribución para que millones de familias tengan productos frescos todos los días.

Visto así, la leche deja de ser solamente un alimento, se vuelve una historia de personas.

Lala está presente en 97% de los hogares mexicanos. Detrás de esa presencia hay miles de personas trabajando: Todos los días se procesan alrededor de ocho millones de litros de leche.

También hay una cadena de valor profundamente mexicana.

Eso habla de escala, pero también de confianza; de la capacidad de conectar campo, tecnología, nutrición y distribución en tiempo real.

Eso también forma parte de la nutrición.

Porque alimentarnos no empieza en la mesa.

Empieza mucho antes: en el origen de los alimentos, en la calidad, en la frescura y en las personas que hacen posible que estén ahí.

Y hablar de eso con los nuestros, también construye historia y conciencia.

Quizá por eso la leche guarda recuerdos.

A veces sabe a infancia.

A veces huele al chocolate caliente de la casa de tu abuela.

A alguien que preparó el desayuno antes de que despertáramos.

Algunos, como yo, incluso recordamos los botes de leche vacíos en la puerta de la casa esperando al lechero. 

Y en tiempos donde todo parece inmediato, vale la pena recordar que detrás de algo tan cotidiano como un vaso de leche o un pedazo de queso, hay trabajo, conocimiento, campo mexicano y una enorme cadena de cuidado.

Y entender de dónde viene lo que comemos no solo nos alimenta. También nos conecta con quienes lo hicieron posible y nos recuerda que agradecer la comida sigue siendo una de las formas más profundas de reconocer la vida cotidiana.

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@adriasandoval

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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