Por Adriana Sandoval
Hay días en que la Ciudad de México parece tener dueño. Y no somos quienes vivimos en ella.
Antes del desfile del 16 de septiembre, acercarse al Zócalo era prácticamente imposible. Calles cerradas, vallas, accesos controlados. El domingo previo, desde temprano, se veía bajar de vehículos a personas uniformadas del Ejército, con sus insignias perfectamente visibles. Y cada vez es más evidente la presencia policiaca y militar en nuestras calles: ahí están, cada día más visibles, como parte del paisaje cotidiano de una ciudad que parece necesitar cada vez más vigilancia para funcionar.
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