Por Adriana Sandoval 

Hay una conversación que pocas veces tenemos cuando hablamos de nutrición y salud: no todos tenemos las mismas posibilidades de comer bien. Sin embargo, seguimos hablando de alimentación como si todo dependiera de la voluntad, la disciplina y las ganas de cuidarnos. Como si bastara con recomendar más verduras, frutas y pescado, y menos productos procesados, para que cualquier persona pudiera llevarlo a la práctica al llegar a su casa. Pero la realidad es otra.

Pensemos en una familia que llega al supermercado con un presupuesto limitado. Compara precios, deja algunas frutas porque están caras, cambia el pescado por algo más económico y busca productos que rindan toda la semana. No está eligiendo entre una dieta perfecta y una mala alimentación; está resolviendo cómo alimentar a su familia con el dinero que tiene. Muchas veces no se compra lo que más conviene nutricionalmente, sino lo que alcanza. Y eso hace una enorme diferencia.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.