Por Areli Paz
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Lo que dicen: la verdad que quieren que creamos. 

Lo que entendemos: la verdad a conveniencia.

Lo que es: una cruda verdad de un país en el sí manda el crimen. 

Hay mensajes que, por venir de la Presidenta, tienen un peso distinto. La voz de una presidenta no es una opinión más, no es un comentario inocente, ni una declaración lanzada al aire. Sus palabras tienen un contexto y una intención. 

Ella sabe por qué y para qué lo dice.

Sus palabras marcan el rumbo político, influyen en la percepción de millones de personas y envían señales dentro y fuera del país. 

Preocupa que desde el poder se fortalezca una narrativa que profundice la polarización. 

El mensaje es peligroso cuando da la impresión de que no se gobierna para todos, sino únicamente para quienes comparten una visión política. Cuando la crítica es descalificada sistemáticamente y la autocrítica desaparece, se corre el riesgo de construir un país donde el que piensa diferente es visto como una amenaza y no como parte de la democracia.

Claro, la polarización no nació con este gobierno ni es exclusiva de un solo grupo político. También en Chihuahua, durante un evento de apoyo a la gobernadora Maru Campos, en el que participaron los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón, se escucharon discursos dirigidos principalmente a los propios simpatizantes. La diferencia está en que, cuando quien habla es la titular del Poder Ejecutivo, el impacto institucional es mucho mayor porque representa a toda la nación. 

Gobernar implica escuchar incluso a quienes piensan diferente. 

Pero acabaron siendo peores. Acarreo, presión institucional y discurso falso. 

El liderazgo democrático debe buscar puntos de encuentro y no profundizar las fracturas. Cuando desde el poder se alimenta la idea de que existen mexicanos que defienden al país y otros que lo quieren traicionar, la convivencia democrática se debilita.

El mensaje de la presidenta para “defender la soberanía y rendir cuentas” no fue eso. Fue una defensa férrea de los Narcopolíticos de Morena, incluso dijo que el gobierno de Estados Unidos podrá venir por más, pero que aquí estaremos “fuertes” para defender que nadie quiera meterse en las elecciones. 

Y ya salió el peine, quieren apuntar a que la embestida contra Rocha y secuaces se trata de una injerencia en respuesta a lo que pasó con los agentes de la CIA muertos en Chihuahua. 

Un discurso que desvía la atención y que siembra en la gente que lo importante es defender a nuestros narcos. Porque para algo son nuestros. 

El poder no sólo se ejerce mediante decisiones y decretos. También se ejerce a través de los mensajes. 

Una presidenta debe gobernar para quienes votaron por ella y para quienes no lo hicieron. Debe representar a los convencidos y a los críticos. Porque cuando el discurso oficial deja de incluir a todos, el riesgo no es únicamente político: es el debilitamiento de la confianza, la unidad y la convivencia democrática que mantiene en paz a un país.

La presidenta está descolocada. Grita, dramatiza y confunde gobernar con arengar a Morena. Sus ademanes y gestos denotan amargura, la de saber que su barco navega en la impunidad y el crimen. 

Es muy sencillo culpar a Estados Unidos. Es muy sencillo replicar el falso nacionalismo. Ver al enemigo afuera.

Querer equiparar lo de Maru con Rocha es un exceso. Querer gobernar sólo para afines será una tragedia. 

De un lado y de otro.

✍🏻
@AreliPaz

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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