Por Areli Paz
Lista: referencia de prioridades. Ninguna lista se hace con ingenuidad, tiene objetivos claros. Evita distracciones y permite enfocarse en esos objetivos.
Crítica: La oportunidad de cambiar rumbos. No hay crítica buena o mala, sólo es crítica y puntualiza focos rojos que no hemos tomado en cuenta.
Libertad: Poder y responsabilidad de decisión.
Hay listas que sirven para organizar la despensa, para saber quién debe cooperar en la fiesta, para los regalos de Navidad, los pendientes de vida, la tarea del niño, las ciudades que falta recorrer o para no olvidar el nombre de ese funcionario que lleva dos sexenios prometiendo transparencia.
Ninguna lista es ingenua. Todas, de lo más superficial a lo más trascendente tienen un objetivo.
¿Se imaginan la intención de un gobierno de poner a periodistas, medios y usuarios críticos en una misma lista?
Nada ingenuo.
Hacerlo desde Palacio Nacional, que lo diga la Consejera Jurídica, que paguen para un análisis pormenorizado de cuentas no tiene nada casual.
Exhibir listas, nombres y categorías como un “ecosistema digital que ataca al gobierno o que que incomoda”, es amenaza.
Una cosa es documentar cómo circula la información en internet y otra muy distinta es poner nombres, rostros y medios bajo una etiqueta de “ataque político”.
La primera es análisis; la segunda es señalamiento.
Las palabras desde el poder pesan distinto.
Quien controla las palabras, también puede intentar controlar la conversación.
George Orwell advertía que no se trata solamente de prohibir que alguien hable; también se puede manipular el significado de las palabras, decidir qué es aceptable y qué debe ser señalado, ridiculizado o castigado es control.
Cuando esto ocurre, poco a poco la gente empieza a cuidar no solo lo que dice, sino que incluso ya no se atreve a pensar.
Jürgen Habermas defendió la esfera pública como el espacio donde las ideas deben encontrarse, confrontarse, debatirse y hasta incomodarse.
El periodismo no existe para aplaudir al gobierno. Tampoco para destruirlo.
Existe para preguntar. Para investigar. Para contradecir, para ayudar a que la gente piense todos los escenarios y decida.
La libertad de expresión no sirve solamente para que digamos cosas con las que todos estamos de acuerdo; sirve, sobre todo, para que podamos escuchar aquello que nos contradice.
Poner aprueba certezas, retar al pensamiento. Construir mejor, ese es el reto.
La lista hoy advierte.
Intenta amedrentar y el riesgo está en que “alguien” espontáneo quiera defender a un gobierno de voces incómodas.
El riesgo va de ida y vuelta.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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