Por Bárbara Anderson
Los países que disputan el Mundial deberían sumar como factor determinante tener jugadores hijos o nietos de migrantes, y también impulsar a sus estrellas nacionales a sumar experiencia fuera de sus fronteras. A más diversidad y movilidad, mayores chances de ser ganador.
¿Quién no se sorprendió al ver a casi toda la selección francesa con evidentes raíces africanas? ¿Realmente importa la movilidad y la migración para estar en el Olimpo de los mejores equipos del mundo? La respuesta es sí. Y la evaluación no es subjetiva, sino que forma parte de una investigación de la Universidad de Oxford, que analizó todos los mundiales desde 1970 hasta 2022 y comparó muchas variables estándar (experiencia, edad, estatura) y una diferente: el pasaporte de los jugadores y de sus progenitores. “Cada jugador nacido en el extranjero se asocia a 0.15 partidos adicionales jugados en el torneo. Y un incremento en la diversidad de origen de los miembros de un equipo equivale a 1.35 goles de diferencia extra por partido”. En un deporte donde la mayoría de los partidos se definen por un solo tanto, esta variable es enorme.
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