Por Julieta del Río*
La regulación de las redes sociales, el uso del teléfono celular y las plataformas digitales seguirá ocupando la agenda pública durante los próximos meses. Es un debate necesario, pero también uno que exige matices. No todo puede reducirse a prohibir o permitir.
La regulación debe servir para proteger derechos, no para controlar el pensamiento. Pero, al mismo tiempo, la mayor inversión debe destinarse a la educación, la alfabetización digital y el fortalecimiento del pensamiento crítico. Ahí está el verdadero desafío.
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