Por Bárbara Anderson
Un examen mal aplicado, una sospecha de fraude masivo, una filtración digital que generó desconfianza entre millones de familias. Y, al final, un secretario de Educación que presenta su renuncia.
No, no estoy hablando del escándalo del examen de ingreso a la UNAM, sino del examen de ingreso a la universidad en India.
Dos procesos casi gemelos, en las antípodas del planeta, pero con la misma sospecha: que la inteligencia artificial —o la ausencia de controles frente a ella— rompió la promesa más elemental de cualquier examen de ingreso: que el lugar se gane, no se venda ni se automatice sin supervisión.
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...