Por Beth Sua de Gyvez
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Hace muchos años, en Ciudad Ixtepec, la policía municipal comenzó a perseguirnos y levantarnos por órdenes del presidente municipal que estaba en ese momento. No podíamos salir a la calle ni siquiera con un simple delineado en los ojos.

Fue entonces cuando comencé a viajar a Tehuantepec, donde se encontraba la oficina de derechos humanos, para interponer denuncias. Fueron muchas las veces que tuve que insistir para que comenzaran a escucharnos. En ese momento pensaba principalmente en mí, porque ninguna de las compañeras muxhes y trans quiso acompañarme por miedo. Con el tiempo entendí que esa lucha no solo me beneficiaba a mí, sino también a muchas otras compañeras muxhes y trans, especialmente a quienes ejercían trabajo sexual y enfrentaban todavía más violencia y discriminación.

Ser mujer activista en nuestros pueblos indígenas significa enfrentar desafíos constantes, pero también tener la oportunidad de generar cambios y visibilizar la lucha por los derechos humanos de las personas de la diversidad sexual ancestral y cultural muxhe/LGBTTTIQ+.

En México, las personas trans de comunidades indígenas vivimos una triple discriminación: por ser muxhes, por ser indígenas y por ser pobres. La violencia, la exclusión familiar y social siguen presentes en nuestros pueblos y eso limita el acceso a derechos básicos como la salud, la educación y el empleo.

Hace dos años tuve la oportunidad de conocer a algunas personas del equipo de Constituyentes cuando llegaron a Ciudad Ixtepec con el tour “Hazla de pedo”, junto a una compañera trans, María del Carmen de la Encarnación Petate. Después de las actividades tuvimos una plática y me interesó mucho formar parte de este espacio.

Para mí, como activista que forma parte de Constituyentes ha significado compartir experiencias con personas que hacen activismo desde distintos territorios y causas. También ha sido un espacio para compartir herramientas, información y aprendizajes que fortalecen nuestro trabajo colectivo.

Además, ha significado recibir apoyo emocional y práctico de personas que, incluso sin conocernos completamente, entienden los desafíos que enfrentamos todos los días. Me ha ayudado a ampliar mi visión sobre muchos temas, volver más visible mi trabajo a nivel nacional y trabajar colectivamente por objetivos comunes.

Creo profundamente en el trabajo en equipo y en la colaboración, porque la unión de muchas personas le da más fuerza a las luchas y proyectos que queremos impulsar. El activismo también me ha permitido construir alianzas, mantenerme informada sobre reformas políticas y legislaciones importantes, y desarrollar habilidades personales y profesionales.

Si algo he aprendido es que el activismo y la participación ciudadana no son para unas pocas personas; son para todas. Para todas las mujeres cis y trans que quieren alzar la voz, luchar por la justicia y construir un mundo más igualitario.

No importa si eres joven o mayor, si vienes del campo o de la ciudad, si tienes experiencia o no. Lo importante es tener la voluntad de hacer algo.

No te detengas por miedo, por dudas o por falta de experiencia. Tú puedes hacer la diferencia.

Hay muchas mujeres como tú y tu voz importa.

Así que únete a la Red de Constituyentes y comienza a hacerla de pedo. 


*Beth Sua de Gyvez Gallegos es activista social muxhe zapoteca y defensora de derechos humanos originaria de Ciudad Ixtepec, Oaxaca. Desde hace más de 25 años trabaja por la defensa de los derechos de las personas Muxhes y de la diversidad sexual indígena, así como en la prevención del VIH y la promoción de la salud sexual y reproductiva en comunidades del Istmo de Tehuantepec. Es fundadora y directora de Amaruss Guendanavanii Ixtepec A.C., coordinadora de la Red Muxhe Racane'e y forma parte de espacios regionales e internacionales de incidencia en favor de los pueblos indígenas.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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