Por María Alatriste
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Durante muchos años las empresas entendieron la diversidad como una estrategia de reputación. Junio llegaba y los logos aparecían cubiertos de arcoíris. Había campañas, slogans, hashtags y fotografías cuidadosamente diseñadas para hablar de inclusión. Parecía que el mundo avanzaba inevitablemente hacia un lugar más libre.

Pero algo comenzó a cambiar.

En distintos países estamos viendo cómo muchos derechos LGBTQ+ que parecían consolidados vuelven a entrar en negociación pública. Programas de diversidad desaparecen, empresas reducen discursos inclusivos, gobiernos impulsan retrocesos legislativos y  mientras eso ocurre, millones de personas descubren una verdad incómoda: los derechos nunca son permanentes.

En Estados Unidos varias compañías han comenzado a moderar sus estrategias DEI (diversidad, equidad e inclusión) presionadas por polarización política, boicots y nuevos climas ideológicos. En otros lugares del mundo resurgen discursos que presentan los derechos LGBTQ+ como una amenaza cultural y no como una cuestión básica de dignidad humana. Algo que parece además difuminarse en un discurso de odio que es constante y busca sancionar las diferencias.

Y cuando eso sucede, las primeras personas en pagar el costo suelen ser las más vulnerables. Particularmente las personas trans.

Por eso resulta tan importante un documental que les recomiendo ampliamente como Will & Harper. Porque logra algo que rara vez ocurre en medio del ruido político, cómo devolver humanidad a una conversación que muchas veces ha sido reducida a consignas y espacios aún muy cerrados.

El documental sigue el viaje de Will Ferrell junto a su amiga Harper Steele después de que ella hace su transición de género. Y lo extraordinario no está solamente en hablar sobre la identidad trans sino lo poderoso de cómo plantea la manera profundamente cotidiana y humana en que lo hace.

Hablan del miedo, la amistad, el cuerpo. De la inseguridad que representa mostrarnos tal y cómo somos. De lo que significa volver a recorrer el mundo cuando el mundo ahora te mira distinto porque puedes parecer un símbolo de incomodidad.

Hay una enorme ternura en la película porque no intenta convertir a Harper en un símbolo perfecto ni a Will en un héroe moral. Son dos amigos intentando entender cómo seguir acompañándose en medio del cambio. Y quizá ahí está una de las cosas más valiosas del documental: mostrar que la empatía no nace necesariamente de saberlo todo, sino de estar dispuesto a permanecer.

Hoy eso parece revolucionario.

Porque vivimos un momento donde muchas conversaciones públicas se han vuelto imposibles. Todo parece exigir pureza absoluta. Las personas son clasificadas rápidamente entre aliados o enemigos. Y en medio de esa dinámica, desaparece algo fundamental: la posibilidad de escuchar experiencias humanas complejas desde la ingenuidad, la inocencia e incluso la ignorancia.

También las empresas están atrapadas en esa tensión que prefieren mantener aislada.

Muchas organizaciones impulsaron políticas de inclusión mientras eran rentables socialmente. Pero ahora que ciertos contextos políticos cambiaron, algunas comienzan a retroceder con rapidez preocupante. Eso obliga a preguntarnos algo incómodo: ¿qué tan genuino era el compromiso?

La diversidad no puede existir únicamente mientras sea conveniente para la marca.

Porque detrás de cada política corporativa hay personas reales intentando vivir con dignidad que todavía enfrentan violencia, discriminación laboral, rechazo familiar y enormes barreras emocionales y económicas.

Y quizá ese es el mayor riesgo del momento actual: creer que los avances sociales son irreversibles.

Espero que nos quede muy claro. No lo son.

Los derechos humanos pueden debilitarse lentamente mientras el cansancio colectivo convierte la empatía en un tema opcional.

Por eso documentales como Will & Harper importan tanto. Porque recuerdan algo elemental: antes de cualquier debate político existen personas intentando ser amadas, comprendidas y vistas sin miedo.

Ojalá que en este día del orgullo entendamos que las diferencias deben fortalecernos como sociedad para continuar una comunidad virtuosa caracterizada por la empatía y el amor.

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@MariaAlatriste

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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