Por Cristina Gutiérrez
El rechazo al genocidio israelí en Gaza continúa y se ha hecho presente en dos de los eventos culturales más importantes de Europa. El inicio de la 61ª edición de la Bienal de Arte de Venecia, que se llevará a cabo del 9 de mayo al 22 de noviembre de 2026, ha sido marcado por las manifestaciones de protesta por la inclusión de Israel en el festival cultural internacional que se celebra cada dos años en Venecia desde 1895.
El viernes 8 de mayo, un día antes de la inauguración del evento, una huelga del sector cultural italiano convocada en protesta por la presencia de Israel en la Bienal de Venecia mientras continúa el genocidio en Gaza provocó el cierre de varios pabellones de la muestra. Los pabellones de España, Francia, Italia, Austria, Bélgica, Japón y Holanda, entre otros, cerraron total o parcialmente mientras que varios artistas que participan en la exposición principal del festival apoyaron la huelga añadiendo referencias a Palestina en sus obras. La huelga fue organizada por la Alianza Art Not Genocide (ANGA) que desde 2024 ha hecho campaña para que la Bienal de Venecia no incluya a la representación de Israel en rechazo al genocidio en Gaza. “No podemos aceptar que el mundo del arte sea un espacio seguro para el genocidio”, dijo ANGA tras señalar que la Bienal ignoró su solicitud.
Además de la participación de Israel, la readmisión de Rusia en el festival, quien había sido excluida desde el inicio de la invasión a Ucrania en 2022, ha causado una crisis institucional en el arranque de la Bienal. El 30 de abril el jurado internacional encargado de otorgar varios premios del certamen renunció después de que sus integrantes anunciaran que no otorgarían reconocimientos a países cuyos dirigentes afronten acusaciones por crímenes contra la humanidad ante la Corte Penal Internacional, haciendo clara alusión a Benjamín Netanyahu y Vladimir Putin.
En la misma línea, la 70ª edición del Festival de la Canción Eurovisión inaugurada el domingo 10 de mayo en la ciudad de Viena, se da en un contexto marcado por el boicot a la participación de Israel. España, Irlanda, Islandia, Países Bajos y Eslovenia han renunciado a su participación en el festival en rechazo a la presencia israelí y más de 1,100 artistas y figuras culturales internacionales han hecho un llamado a boicotear el certamen denunciando los crímenes de Israel durante su ofensiva en Gaza. Durante los días en que se llevará a cabo el festival, se esperan en Viena diversas protestas y manifestaciones bajo el lema “Ningún escenario para el genocidio”. Pese a lo anterior, la Unión Europea de Radiodifusión (UER) ha decidido mantener la participación de Israel argumentando que Eurovisión es un evento “apolítico”, sin embargo, continúa con el veto a Rusia, quien ha sido excluido del certamen desde 2022.
Es imposible no ver la asimetría y la doble moral alrededor de este asunto. Mientras que Rusia fue excluida de la Bienal de Arte de Venecia los tres primeros años tras el inicio de su invasión a Ucrania, y continúa vetada de eventos culturales y deportivos tales como el Festival de Eurovisión y las competencias internacionales organizadas por la FIFA, la UEFA y el Comité Olímpico Internacional, la participación de Israel en estos continúa sin ningún tipo de restricción o sanción. Es indignante el doble estándar y la hipocresía con la que los organizadores de los eventos culturales y deportivos más importantes a nivel internacional deciden sancionar a un criminal mientras que pasan por alto los crímenes de otro. Y esto aplica también para los gobiernos; mientras que las sanciones económicas contra Rusia por la invasión a Ucrania han sido masivas y constantes desde el inicio, las sanciones internacionales contra Israel por su despiadada ofensiva en Gaza y la violencia en Cisjordania han sido prácticamente inexistentes. Y debido a la cobardía de las organizaciones que deciden incluir a Israel en sus eventos a pesar de los crímenes de guerra que siguen perpetrando en Palestina, la esperanza de justicia recae en la sociedad civil, los grupos de derechos humanos y los pocos gobiernos que alzan la voz y se niegan a ser cómplices del genocidio.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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