Por Cristina Gutiérrez
El jueves 14 de mayo, 57 embarcaciones que integraban la Global Sumud Flotilla, zarparon desde Turquía con la intención de llegar a las costas de Gaza para llevar ayuda humanitaria. La expedición, integrada por 428 activistas de más de 40 países, tenía como objetivo mantener la visibilidad sobre la catástrofe humanitaria en el territorio palestino causada por más de dos años de ataques de Israel y por el bloqueo al que está sometida la franja desde 2007 y que se agudizó gravemente durante la ofensiva israelí. Pocos días después, en una flagrante violación del derecho internacional, las fuerzas israelíes interceptaron la flotilla en aguas internacionales, detuvieron a sus integrantes y los trasladaron ilegalmente a territorio israelí.
Previo a su deportación a sus respectivos países, los activistas detenidos sufrieron maltratos, vejaciones y abusos sexuales y al menos tres de ellos tuvieron que ser hospitalizados. El ministro de seguridad nacional israelí, el ultraderechista Itamar Ben Gvir, publicó un video en redes sociales humillando a los prisioneros en un centro de detención. En el video se ve cómo empujan al suelo a una mujer, mientras que decenas de activistas permanecen arrodillados con las manos atadas a la espalda y Ben Gvir les dice en hebreo “Bienvenidos a Israel, nosotros somos los dueños”, obligándolos a escuchar el himno nacional de Israel. Lejos de tratar de negar u ocultar los hechos, el ministro israelí hizo alarde de la humillación y maltrato recibido por los detenidos y lo exhibió como un triunfo.
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