Por Patricia Conde Juaristi
Extraño el olor agrio de tus axilas. Buscándolo, encontré la puerta de tu cuarto. Estaba cerrada. Espanté los recuerdos que querían perderme.
En un gesto de impaciencia puse la mano en la manija. Quise abrirla, pero se resistió con fuerza. Intenté mirar a través de los vidrios. ¿Recuerdas? ¡Cuántas veces te observé así! Te movías, moroso, para que te amara más. Conjuré tu nombre y nadie acudió. Intenté abrir de nuevo. Por fin, la puerta cedió.