Por Mónica Hernández

Hace unos días leí una columna sobre la moda de las cejas de mi querida Edmée Pardo y no pude evitar pensar en estas modas que la mayoría de gente sigue aunque no se vean bien. La paradoja de buscar ser único e irrepetible en este mundo estandarizado… y seguir las modas al pie de la letra, aborregados y perdidos entre las masas. Yo misma usé moños de encaje en el pelo (que me ricé para arrepentirme los dos años siguientes), calentadores encima de las medias de color neon debajo de una minifalta de mezclilla (y botas planas de color blanco). Eran los 80s. Nadie quería quedarse fuera de verse como Madonna (guante de encaje negro o blanco incluido). En los 90s eran las cejas ultra delgadas y ahora se usan las de azotador, muy peinado, eso sí y le llaman “emplumado”. Con la edad interioricé la ley de las francesas, que viene a decir que lo que mejor te queda es tu propio pelo (lacio el mío), pero bien cuidado y con buen corte, la forma de tus cejas, pero arregladas, tu cuerpo bien estudiado para que utilices lo que mejor te sienta, incluyendo los colores que te favorecen. Parece fácil pero no lo es. 

A raíz de esa conversación sobre las cejas de Frida Kahlo estilo 2026 es que me acordé de las medias. Lo comenté con un amigo (de mi edad) y dijo la frase que me hizo correr a escribir esto: las medias se usan hoy lo mismo que la virginidad: Nada. Es verdad que la virginidad está pasada de moda… pero ¿las medias?

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