Por Dayana Aronovich*
Durante tres años tuve una ventana desde la que podía ver La Casa de los Famosos México.
Literalmente.
Desde nuestra bodega, veía el movimiento de la producción, las cámaras, los camiones, el ir y venir de personas. Éramos vecinos. Estábamos a unos cuantos metros de uno de los programas más visibles de la televisión mexicana.
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