Por Desiré Navarro
En México vivimos rodeadas de historias que nunca llegaron a ser carpeta de investigación, que nunca pisaron un Ministerio Público, que nunca se convirtieron en un número dentro de las estadísticas oficiales. Historias que se quedan atrapadas en un chat con una amiga, en una conversación susurrada en la cocina, en un “mejor ya no hablo de eso”. Y, sin embargo, esas historias existen, duelen y marcan vidas para siempre.
La violencia contra las mujeres en este país es una epidemia silenciosa que, cuando rompe el silencio, suele encontrarse con un sistema que responde tarde, mal o simplemente no responde. Hablar de denunciar en México no es ingenuo; es mirar de frente un entramado de impunidad, burocracia y desconfianza que desanima incluso a la mujer más valiente. Y aun así, denunciar importa. Importa muchísimo.
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...