Por Diana Murrieta*
Siete años. Siete años tuvieron que pasar para que el feminicida de Maciel Alejandrina fuera declarado culpable. Siete años de audiencias, retrasos, desgaste emocional, revictimización y un proceso que obligó a su familia a convertir el dolor en resistencia permanente.
Y quizá eso es lo más duro de este caso. No solamente el feminicidio. No solamente la violencia. Sino todo lo que vino después. Porque en México, para muchas familias, la búsqueda de justicia termina convirtiéndose en otra forma de violencia.
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