Por Diana Murrieta*

Hay leyes que nacen de una discusión legislativa y otras que nacen de una lucha que nunca debió existir. La Ley Mariana Lima Buendía pertenece a las segundas. Detrás de su aprobación en el Estado de México hay una madre, Irinea Buendía, que durante más de 16 años ha exigido justicia por el feminicidio de su hija y ha enfrentado las consecuencias de una investigación que, desde el inicio, estuvo marcada por graves irregularidades.

Reconocer esta reforma implica, antes que cualquier análisis jurídico, reconocer su lucha. Porque transformar el dolor en una exigencia colectiva de justicia requiere una fortaleza extraordinaria. Y porque muchas de las obligaciones que hoy discutimos como indispensables fueron conquistadas por mujeres que se negaron a aceptar las respuestas de las instituciones.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.