Por Edelmira Cárdenas

El problema de muchas mujeres no es que les falte amor para dar. Al contrario. Son panaderas emocionales de tiempo completo. Alimentan parejas, hijos, amigos, padres y hasta mascotas. Lo absurdo es que, después de preparar banquetes para todos, terminan cenando migajas en su propia vida amorosa.

Hay mujeres que pueden organizar una boda para doscientas personas, sacar adelante un negocio, cuidar a sus hijos, acompañar a sus padres enfermos y resolver una crisis familiar antes de las nueve de la mañana. Y luego está esa misma mujer, perfectamente funcional, inteligente, adulta, mirando fijamente su celular porque una posible pareja no le ha contestado un mensaje.

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Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.