Por Yohali Reséndiz
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Sí, lo he decidido. Escribiré columnas sobre las batallas que enfrentamos los periodistas. Es necesario.

Así que hoy vuelvo a mirar hacia adentro del periodismo para compartir lo que ocurre dentro de Xinhua, una de las agencias informativas más importantes del mundo y la voz oficial de la República Popular China, donde periodistas, traductores y trabajadores administrativos de distintas nacionalidades denuncian que sus derechos laborales han sido vulnerados.

Son varios los testimonios de colegas que describen un problema que, según relatan, comenzó en 2011 con un esquema de remuneración conocido como 60-40. El 60 por ciento de su salario era reportado formalmente al SAT y al IMSS, mientras que el 40 por ciento restante se entregaba como un bono no declarado. Señalan que ese mecanismo afectó durante años prestaciones como el aguinaldo, el Infonavit y las Afores.

La situación, afirman, se agravó en mayo de 2023, cuando incluso dejó de reportarse ese 60 por ciento ante las autoridades, lo que los colocó en una situación de incertidumbre fiscal y laboral. Muchos, explican, ya no han podido presentar correctamente su declaración anual. Además, registraron altas y bajas intermitentes ante el IMSS sin una explicación clara. También denuncian que, bajo el argumento de regularizar el esquema, sus pagos netos fueron reducidos. Lo que más les preocupa es que esa carga, dicen, terminó trasladándose a los trabajadores, cuando consideran que debía ser asumida por la empresa. Y, pese a ello, sostienen que hasta ahora no ha existido una regularización plena conforme a la legislación laboral mexicana.

Y hay que escribirlo: ellos no son los empresarios.

Son periodistas, traductores y trabajadores administrativos que durante años han dedicado su vida a informar al mundo.

Paradójicamente, quienes todos los días documentan conflictos laborales, abusos de poder y violaciones a derechos hoy dicen que ellos mismos no han sido escuchados.

La denuncia también llegó a la red social X, a través de la cuenta @QuejasXinhua, donde trabajadores han compartido de manera anónima sus testimonios por temor a represalias y han expuesto parte de la problemática que enfrentan.

Aclaro que no escribo esta columna para emitir una sentencia ni para sustituir el trabajo que corresponde a las autoridades laborales mexicanas. Mucho menos para confrontar a un país cuya historia, desarrollo y peso económico son innegables.

Xinhua, además de informar al mundo, representa la imagen de China ante millones de lectores. No es un secreto que la manera en que una agencia escucha y atiende a quienes integran su equipo también comunica un mensaje. Las instituciones hablan por sus noticias, pero también por la forma en que respetan a las personas que las hacen posibles.

Ojalá esta reflexión llegue al embajador de la República Popular China en México como una invitación a escuchar y a encontrar una solución.

Los derechos laborales no tienen nacionalidad. La dignidad de un trabajador vale lo mismo en Pekín que en la Ciudad de México, en Buenos Aires o en Madrid.

¿Cómo explicar entonces que una nación que ha sorprendido al mundo por su desarrollo, su crecimiento económico y su influencia internacional no pueda ofrecer certeza laboral a periodistas y trabajadores de distintas nacionalidades que hacen posible el funcionamiento de una de sus principales agencias de noticias?

Yo no me lo explico. ¿Y usted?

✍🏻
periodismoatodaprueba@gmail.com / @yohaliresendiz

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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