Por Edith Ruiz Gastélum
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Aunque la menopausia puede parecer una etapa de declive en la vida de la mujer, e incluso referirse a una mujer como «menopáusica» puede convertirse en un estigma que busca denostarla, en realidad se trata de un periodo de transición normal que, durante muchos años, nuestra sociedad ha considerado una situación vergonzosa. Sin embargo, es un cambio fisiológico que, si tenemos la fortuna de vivir suficientes años, inevitablemente experimentaremos.

Además, ante el incremento de la esperanza de vida, observamos que las mujeres pueden pasar prácticamente el 40 % de su vida en esta etapa. Es necesario reconocer que ocurren numerosos cambios que muchas veces afectan la calidad de vida y, en consecuencia, deberíamos modificar nuestra perspectiva para entender este periodo como una oportunidad de reconsiderar nuestros estilos de vida, atender las necesidades que se manifiestan y fomentar el autocuidado. Es tiempo de redefinirse y de aceptar esta nueva etapa.

La menopausia ocurre alrededor de los 50 años, pero los trastornos asociados pueden presentarse mucho antes, incluso cinco años antes, con síntomas que en ocasiones no se identifican como parte del fin de la etapa reproductiva y que pueden persistir hasta diez años después. Durante esta transición, el descenso de las concentraciones de estrógenos en la sangre provoca cambios hormonales, metabólicos, osteomusculares y cardiovasculares.

En la etapa posmenopáusica, el riesgo de sufrir un evento cardiaco o cerebral puede incrementarse hasta tres veces, ya que la reducción de estrógenos se relaciona con un aumento de marcadores inflamatorios, del colesterol malo y de los triglicéridos, así como con una disminución del colesterol bueno. Estos cambios pueden favorecer el desarrollo de aterosclerosis, caracterizada por la acumulación de depósitos de grasa y colesterol en las paredes arteriales, que puede afectar la aorta y las arterias cerebrales, coronarias, renales y de las extremidades inferiores.

También se observa un aumento de la obesidad abdominal, especialmente de la grasa que rodea las vísceras, y una reducción de la masa muscular, lo que contribuye a una mayor resistencia a la insulina y a la propensión a desarrollar diabetes y otras alteraciones metabólicas. A ello se suma la rigidez arterial, que puede favorecer el incremento de la presión arterial. La combinación de hipertensión, diabetes y colesterol elevado aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, que se encuentran entre las principales causas de muerte de las mujeres en México.

Es necesario visibilizar esta transición para que las mujeres puedan recibir atención oportuna y adoptar un estilo de vida lo más saludable posible. Para ello, conviene seguir los ocho componentes esenciales de la salud cardiovascular: alimentación saludable, control del peso, actividad física regular, evitar el tabaquismo, sueño saludable y reparador, y mantener la glucosa, el colesterol y la presión arterial dentro de rangos adecuados.

En determinados casos, también puede valorarse la terapia hormonal para mejorar la calidad de vida, siempre mediante una evaluación médica individualizada de sus beneficios y riesgos. La prevención y el seguimiento de los factores de riesgo cardiovascular son fundamentales para reducir la posibilidad de complicaciones graves, incluidos los infartos cardiacos y los eventos cerebrovasculares.

Es necesario generar conciencia sobre esta etapa, lo que nos motiva a impulsar un abordaje interdisciplinario y construir una ruta de atención integral. Al mismo tiempo, debemos desarrollar herramientas que incluyan la capacitación del personal médico y paramédico, así como de la sociedad, sobre las necesidades, el abordaje y las directrices de atención para las mujeres que viven la menopausia.

*Cardióloga clínica, FACC, FSIAC. Coordinadora del capítulo de Dislipidemias de la Asociación Nacional de Cardiólogos de México. Presidenta de la Asociación Mexicana para la Prevención de la Aterosclerosis y sus Complicaciones. Directora del Consejo de Cardiología Clínica de la SIAC. Miembro fundador de la Iniciativa por el Corazón de la Mujer en México.


Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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