Por Mariana Robles
Las que ya pasamos de los 40 llevamos años, a veces décadas, haciendo lo que hacemos, ya sea dirigir un área, sacar adelante un negocio propio o sostener una casa con dos empleos. Reconocemos un problema antes de que estalle, resolvemos en una hora lo que antes nos tomaba una semana y ya no pedimos permiso para opinar. Por eso desconcierta tanto la primera vez que se nos va una palabra a media junta o frente a una clienta, y lo que más pesa después es la duda sobre nosotras mismas.
Esa duda tiene una base real, porque la niebla mental de la perimenopausia existe y la conozco también desde dentro. Cuesta más aprender y es fácil perder el hilo: se olvida un nombre a media presentación o se relee tres veces el mismo mensaje. Sin embargo, esta dificultad suele ser temporal y mejorar cuando termina la transición. Una mujer que no sabe que lo que vive es pasajero lo interpreta como una pérdida definitiva y toma decisiones en consecuencia.
En los países donde la menopausia ya se discute en voz alta, el relato más repetido es el de mujeres que llegaron lejos y, en plena transición, rechazan un ascenso o dejan la dirección que les costó años conseguir. Muchas lo hemos pensado: dar un paso atrás mientras esto pasa o dejarle el lugar a alguien con más energía. Parece una decisión personal, aunque se toma sin información y bajo la mirada de colegas que ya leían cualquier olvido como señal de declive. En México son tan pocas las mujeres que dirigen que cada una que se retira por dudar de sí misma deja un lugar que tardará años en ocupar otra.
La mayoría de las mexicanas no vive ese dilema, porque nunca les ofrecieron el ascenso que ahora podrían rechazar. Para ellas, la menopausia llega cuando ya ocurrió casi toda la exclusión, la que las dejó fuera del empleo formal o de los puestos de decisión. Yo puedo mover una consulta después de una noche sin dormir; cuatro de cada cinco mexicanas con síntomas no han podido ajustar nada en su trabajo, sea un negocio que depende de ellas o un empleo del que vive su familia. Siguen trabajando con bochornos e insomnio. Las que trabajan en casa saben cómo ha cambiado la forma en la que gestionan las compras y los pagos, los horarios de todos, los cumpleaños, las juntas escolares y la resolución diaria de problemas que sostiene la casa, un trabajo mental de tiempo completo que la niebla de la perimenopausia vuelve más pesado sin que nadie lo note.
Cualquier paso atrás en esta etapa es difícil de revertir. Basta revisar una bolsa de trabajo para ver cuántas vacantes piden menos de 35 o 40 años, aunque la ley prohíbe discriminar por edad. La mujer que deja un cargo a los 50 para esperar a que pasen los síntomas difícilmente encontrará otro igual cuando se sienta lista para volver, y la que deja de proponer pierde un lugar que le tomó décadas ganarse en su negocio o en su comunidad. Lo que en el cuerpo era temporal se vuelve definitivo por obra del edadismo.
Ante un entorno así, muchas respondemos exigiéndonos el doble para que nadie note nada, y nos frustramos con un cuerpo que de pronto desconocemos. Por eso me parece tan importante recordarnos que esta versión también somos nosotras, las que hoy dormimos mal y perdemos el hilo, y necesitamos paciencia, cuidados y descanso. Mucho de lo que hace tan difícil esta etapa viene de cómo la vivimos, entre malabares, estrés sostenido, comidas a las prisas y sin tiempo para movernos, y no solo de lo que ocurre a nivel hormonal. Cuidarnos, entonces, implica robar tiempo y oportunidades para nosotras aunque nadie nos los ofrezcan, y tratarnos con la paciencia que tenemos para quienes amamos.
México está dejando de ser un país joven, y en poco tiempo una parte cada vez mayor de quienes sostienen sus negocios y sus hogares serán mujeres como nosotras, en la transición o después de ella. Lo que hoy se nos niega en cuidados y paciencia se va a pagar después en experiencia perdida. Bastaría con acompañarnos durante unos pocos años de transición para no perder lo que una mujer construyó a lo largo de su vida. Un país que va a depender de nosotras no puede seguir tratándonos como si estuviéramos de salida.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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