Por Marcela A. Vázquez Coronado*
En México y en buena parte del mundo, a las mujeres se nos ha enseñado a transitar la menopausia en secreto, como si fuera una falla de origen o una vergüenza privada. Nos han dicho que el agotamiento, los bochornos, las noches sin dormir y los episodios de ansiedad son parte de nuestro destino biológico y que no toca aguantar estoicamente. Ese silencio no sólo es una condena a vivir adoloridas, acongojadas e incómodas; es, ante todo, un problema estructural de justicia social, salud pública y autonomía económica.
La falta de información médica y comunitaria no es una omisión inocente: es una forma de violencia pasiva que nos debilita y empobrece. Cuando no entendemos qué ocurre en nuestro cuerpo —ese complejo eje biológico donde interactúan las hormonas sexuales, la tiroides y el metabolismo— perdemos nuestra primera línea de defensa: la capacidad de autocuidado consciente. Sin datos certeros ni conocimiento clínico, tampoco contamos con las herramientas para exigir en consultorios y ventanillas del sistema de salud los tratamientos, terapias de reemplazo hormonal (TRH) o estudios preventivos a los que tenemos pleno derecho. La ignorancia impuesta nos quita la voz y nos deja a merced de diagnósticos tardíos o tratamientos inadecuados.
Esto tiene un impacto directo en nuestro bolsillo y en la trayectoria laboral. Diversos análisis económicos internacionales, como los de la Clínica Mayo y Bloomberg, estiman que la falta de atención a los síntomas de la menopausia tiene costos de decenas de miles de millones de dólares al año en productividad perdida y gastos de bolsillo por atención médica, medicamentos, terapias y estudios clínicos. Además, esta etapa de vida suele coincidir con la cúspide de la carrera profesional y del liderazgo femenino, los síntomas desatendidos —como la fatiga crónica, la pérdida de concentración y los trastornos del estado de ánimo— orillan a miles de profesionistas a reducir sus jornadas laborales, rechazar ascensos o abandonar por completo el mercado laboral formal.
A este impacto laboral se le suma una carga invisible pero real: en esta misma transición biológica se recrudece con fuerza nuestro rol histórico de cuidadoras, convirtiéndonos en la llamada "generación sándwich", sosteniendo de manera simultánea las demandas de hijos en crecimiento y el cuidado asistencial de padres adultos mayores.
En ese sentido datos del INEGI de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo (ENUT), visibiliza que las mujeres en México -que representan más del 70 por ciento de los cuidadores primarios- destinan en promedio más de 40 horas a la semana a labores de cuidados y tareas del hogar no remuneradas —casi el triple del tiempo que aportan los varones, un esfuerzo no pagado que representa más del 24% del PIB nacional. Presas de esta circunstancia, priorizamos el cuidado de los demás y menos el de nosotras mismas, postergando chequeos, consultas preventivas y tratamientos propios por falta de tiempo y recursos financieros.
Y a propósito también del Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo que conmemoramos el jueves, hay que recordar que cuidar no puede seguir costándonos la salud propia ni el futuro. Cuidar de nosotras mismas no es un acto egoísta ni una rutina superficial: es una exigencia de corresponsabilidad social y un derecho innegociable. Si no contamos con redes de apoyo, información científica ni tiempo para priorizar nuestro cuerpo, bienestar y patrimonio quedamos en absoluta desprotección y vulnerabilidad.
El desequilibrio hormonal no atendido deriva rápidamente en desequilibrio financiero y pérdida de independencia. Por ello, garantizar que una mujer mantenga su bienestar físico, mental y cognitivo en la transición hacia y post menopausia, es indispensable para sostener su economía y salvaguardar su estabilidad en la madurez. Frente a realidad, la comunicación no es un accesorio; es una herramienta de emancipación, con información científica, accesible y libre de tabúes poseeremos un antídoto más eficaz contra el edadismo y la discriminación laboral.
Bajo esta convicción nace el 1.ᵉʳ Foro: Mujeres en Hormonía, un esfuerzo impulsado desde Mujer, Hormonía y Salud A.C. en una alianza estratégica con el Colectivo Nacional SORORA. El evento se llevará a cabo el 28 de noviembre en el Museo Memoria y Tolerancia; es un espacio de diálogo plural, rigor científico e incidencia pública. Nuestro propósito es ir más allá de discutir la salud clínica y la adopción de hábitos saludables que protejan nuestra calidad de vida: se busca visibilizar y resaltar la violencia que vivimos las mujeres por razones de edad (edadismo), reconociendo esta discriminación sistemática en la madurez con el fin de rechazarla colectivamente en el ámbito laboral, familiar y social. Si deseas más información, escríbenos a: primerforo@mujerhormoniaysalud.org.

Reconquistar nuestra salud exige derribar el mito de que la madurez es el inicio de la invisibilidad. Informarse es recuperar el control del cuerpo, blindar la autonomía económica y asegurar que ninguna mujer tenga que pagar el costo del silencio ni del descuido impuesto.
*Marcela A. Vázquez Coronado es presidenta y directora general de Mujer, Hormonía y Salud A.C.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


Comentarios ()