Por Edmée Pardo
Las uñas se leen, como casi todo. Un detalle, dijeran algunos, pero que, desde lo biológico, pasando por lo estético, lo psicológico y hasta lo metafísico, ofrecen historias en las puntas de los dedos. Las uñas están llenas de indicadores y mensajes que pueden descifrar los que dominan ese lenguaje. Lo pienso ahora que por primera vez en mi vida me hacen un manicure seco, yo que casi nunca me las esmalto, que muy poco me las arreglo.
Las uñas crecen en la matriz ungueal, una zona escondida bajo la piel en la base de la uña. Ahí se multiplican las células llamadas queratinocitos que se llenan de queratina. A medida que se producen nuevas células, pues las uñas se crean constantemente, estas empujan a las anteriores hacia adelante. En ese viaje, las células mueren, se endurecen y forman la uña. Su forma y crecimiento están relacionados con la nutrición y la circulación sanguínea, por lo que son un indicador de salud. Cuando el personal médico nos pide que les mostremos las manos están tratando de leer las uñas. Las rayas verticales en la uña son lo que las arrugas a la cara: aparecen con la edad y reflejan deshidratación y fragilidad. Las rayas horizontales (líneas de Beau) indican que el crecimiento se pausó por alguna enfermedad o estrés severo. Las líneas blancas horizontales (líneas de Mees) se asocian principalmente con envenenamiento por metales pesados como el arsénico o el talio, aunque también pueden aparecer ante otras condiciones sistémicas graves. Los puntos blancos (leuconiquia) están relacionados con golpes en la falange superior del dedo, aunque común y erróneamente se cree que se deben a falta de calcio. Si la uña tiene manchas amarillas puede ser hongos o exceso de esmalte; si están azules es falta de oxigenación.
La manicura, contrario a lo que pensaba antes de escribir esta nota, data de tiempos antiguos como símbolo de poder. En Babilonia hace aproximadamente 5,200 años, por ahí del 3200 a.C., la élite se teñía las uñas con kohl negro y verde: negro para los nobles, verde para las clases bajas. Se dice que Cleopatra se las pintaba con henna. En la China imperial se usaban esmaltes elaborados con cera de abeja, claras de huevo, gelatina, tintes vegetales y goma arábiga; y los emperadores, a quienes todo hacían y no necesitaban trabajar, se dejaban las uñas larguísimas como símbolo de nobleza. En Grecia ya aparece la manicura como cuidado más que como símbolo. Pero el manicure como lo conocemos hoy, que usa herramientas y esmaltes, se desarrolla en Francia. Los primeros juegos de manicura fueron creados por impulso de Luis XVI. Pero fue hasta la introducción del palito de naranja en el siglo XIX que difundió la práctica por Europa (mi mamá tenía uno de esos) y para principios del siglo XX, tras el surgimiento de la pintura automotriz, es que aparece el esmalte de uñas muy similar al actual. De ahí a la industria que es el arreglo de uñas con aplicaciones, figurines y las modas coloridas, alzo la ceja y prefiero decir poco sobre lo variopinto y excéntrico. A ese respecto, me sorprende que las mujeres de la nobleza británica solo tienen permitido usar tres tonos neutrales.
En las uñas se observa si trabajamos con la tierra, con pintura, con madera; si tienen callosidades por el uso de alguna herramienta o si están lisas como las de un trabajador de cuello blanco. Todas me parecen bien. Con lo único que no puedo es con las uñas comidas de quienes hasta se sangran los dedos por ansiedad. Solo de pensarlo se me contrae el ceño, situación digna de muchas horas de diván.
En una lectura simbólica las uñas representan la capacidad de poner límites. Las uñas fuertes dicen de la capacidad de defenderse, de sostenerse. Las uñas frágiles o quebradas hablan de límites debilitados y desgaste emocional.
Hasta aquí parece que tengo información para leer más o menos las uñas, pero lo que de plano no puedo descifrar es esa uña larga del dedo chiquito que usan algunos trabajadores masculinos y que cuidan con esmero. Se dice que la uña larga del meñique es la cuchara de la cocaína, la herramienta más fina para limpiar rincones oscuros que no quiero imaginar o simple símbolo de estatus social. Quien sepa leerla entenderá algo más. Quien no, como yo, sólo verá una uña sospechosa fuera de lugar.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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