Por Edmée Pardo
Hace poco fui a bucear. Antes de cada inmersión, el guía local daba una sesión informativa sobre el sitio que íbamos a conocer: el nombre del arrecife, la isla o la formación, la forma del paisaje, los animales que habitan la zona, el tiempo y la profundidad planeada, el momento del mes relacionado con los procesos reproductivos de algunas especies y, sobre todo, el estado de las corrientes.
Las corrientes marinas son desplazamientos inmensos dentro del océano, ríos invisibles que transportan calor, nutrientes, sal y vida de un lugar a otro. Podríamos decir que son la forma en que el océano respira: un movimiento constante cuyo ritmo cambia según la luna, la temperatura, el viento o la profundidad. De ellas depende todo el ecosistema y, por supuesto, el planteamiento de la inmersión.
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