Por Edmée Pardo
Hay gente que se especializa en mariposas. Saben de su ciclo de vida —huevo, oruga, crisálida, adulto—, de sus rutas migratorias, de las plantas con que se alimentan, de su comportamiento reproductivo. Algunas de esas personas trabajan en museos o universidades; otras pasan largas temporadas en campo siguiendo rastros casi invisibles: una hoja mordida, una crisálida escondida, una especie que aparece solo unas semanas al año.
La lepidopterología no estudia únicamente la vida y el vuelo de mariposas y polillas. También busca sus trazas en todo aquello que tocaron y aprende a leer señales: huellas, metamorfosis, ausencias.
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