Por Edmée Pardo
La palabra padre proviene del latín pater, que se remonta a la raíz indoeuropea pəter, de la que también nacen el father en inglés, el Vater en alemán, el père en francés y el padre en español. Es una de las palabras más viejas de la humanidad porque nombrar al padre fue una necesidad temprana de las sociedades que buscaban organizarse, heredarse y perpetuarse.
De pater derivan muchas otras palabras. La Patria, por ejemplo, designaba originalmente la tierra de los padres. Patrimonio era aquello recibido de los antepasados varones. Patriarca nombraba al jefe de una familia extensa. Patrocinio surgía de la protección ejercida por quien tenía autoridad. Incluso la palabra patrón comparte esa misma genealogía. Todas estas palabras revelan un mundo construido alrededor de la figura masculina como centro del orden, de la propiedad y de la autoridad. La patria era de los padres; el patrimonio pertenecía a los padres; el apellido venía de los padres; las leyes las dictaban los padres. No por nada de la misma raíz surge el concepto de patriarcado.
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