Por Edmée Pardo
Hace poco aprendí que el paisaje se lee y he tratado de poner mi atención en esa nueva destreza. Antes de saberlo me relacionaba con el paisaje como los bebés con sus primeros balbuceos, un lenguaje preverbal de sonidos y sensaciones, uno que el cuerpo entiende antes que la mente. Suelto un largo suspiro cuando, desde el aire, miro fragmentos amorfos de verde oscuro flotando sobre un mar que no termina de decidir si es azul o turquesa o de una gama acuosa de la que no conozco todavía el nombre.
Pero mirar, describir y sentir, no es lo mismo que leer. Para leer el paisaje de Palau hay que empezar por entender que el archipiélago ubicado en la micronesia forma parte de la región biogeográfica conocida como el Triángulo de Coral, el área marina más biodiversa del planeta, que alberga más del 75% de las especies de coral conocidas y más de 2,000 especies de peces de arrecife. Esto no es un dato estadístico: es parte del vocabulario sin el cual la lectura es imposible.
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