Por Laura Pamela Sandoval*
Hace unos días, en Perú, un hombre le dijo la verdad a la autoridad y la autoridad lo castigó por decirla.
Un ciudadano solicitó ante el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección a la Propiedad Individual de Perú (Indecopi), el equivalente peruano de nuestro Instituto Nacional de Derechos de Autor (Indautor), el registro de un libro y durante el trámite reconoció algo que la mayoría habría callado: el texto lo había escrito ChatGPT. La Dirección de Derecho de Autor rechazó la solicitud mediante la Resolución 1111-2025/DDA, uno de los primeros pronunciamientos explícitos en la región sobre los límites de la protección autoral frente a contenidos generados con inteligencia artificial.
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