Por Ele Figueroa
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¿Tú también tiemblas cuando lees la palabra "abr fácil" en un empaque? Seguramente te ha pasado, como a mí y a cientos de miles de personas, que el arillo de la lata de atún se rompió a la primera de cambio y terminas ocupando tu valiosa hora de almuerzo buscando desesperadamente con qué abrir tu desayuno. Eso no es "abrefácil", es un deporte de riesgo.

Los sobrecitos de catsup que acompañan las pizzas son otro ejemplo de esta gran mentira de la ingeniería moderna; un "abrefácil" para el que yo ya tengo dispuestas, de cajón, unas tijeras en la cocina. Y con el jamón simplemente me rendí. ¿"Abrefácil"? ¿"Resellable"? Mentiras de la mercadotecnia. Ese empaque se rompe siempre por la mitad, dejando un pedazo inaccesible, así que va directo y sin escalas a un tóper.

En este mundo de empaques hostiles que parecen diseñados por nuestros peores enemigos, encontrarse con un diseño que realmente funciona es casi un milagro.

La honrosa excepción del desayuno

Afortunadamente, con la leche hay excepciones salvadoras. Marcas como Lala dejaron atrás el viejo cartón precortado —ese que requería la fuerza de un cirujano y a veces la ayuda peligrosa de un cuchillo o unas tijeras— para implementar el tapón de rosca. Solo giras y ¡listo! Abrir o cerrar el cartón de la leche nunca había sido tan fácil, higiénico y, sobre todo, libre de frustraciones mañaneras.

Porque seamos honestos: el desayuno no sería lo mismo sin ella. Y aunque las prisas nos traigan corriendo, no son excusa para no tomar aunque sea un traguito rápido antes de salir. ¡Ey!, pero no directo del bote, que te estoy viendo. No hay nada como la satisfacción de tener leche fría, al momento, servida en tu taza favorita y sin sufrir en el intento.

Lo mejor es que hoy en día hay opciones para todos los gustos y necesidades, como si el pasillo del supermercado nos entendiera de manera individual. Hay alternativas para los que batallan con la digestión (¡hola, club de los intolerantes a la lactosa!), para los que entrenan pesado en el gym y requieren un extra de proteína, para quienes necesitan cuidar sus huesos con un refuerzo de calcio, y para los que están a dieta o deben reducir la grasa por indicaciones del médico. También están las opciones para los que (extrañamente, y lo digo con muchísima envidia) pueden tomar leche entera sin que les pase nada, y, por supuesto, para los más peques de la casa, con esos sabores chocolatados y de fresa que transforman por completo la tarde.

Mucho más que nutrición: un abrazo líquido

Y es que no podemos negar que la leche es un alimento sumamente completo y un básico que no puede faltar en la alacena. Si nos ponemos técnicos, tiene proteínas de alta calidad que incluyen todos los aminoácidos esenciales. Esas pequeñas moléculas hacen casi nada: crear neurotransmisores, fortalecer anticuerpos y regenerar tejidos, entre otras maravillas. Además, sus grasas y carbohidratos aportan la energía exacta para arrancar el día con actitud. ¿Y qué me dicen del calcio, los minerales y las vitaminas? Venir adicionada con vitamina D es el combo perfecto para que nuestros huesos realmente absorban lo que necesitan.

Pero, seamos sinceros por un momento: no la tomamos únicamente por su valor nutrimental o por su aporte a nuestra salud y bienestar. La tomamos por su sabor.

La tomamos porque es la compañera perfecta que equilibra la amargura del café por las mañanas. Porque licuada con fruta y un poco de hielo se convierte en el elixir que refresca las calurosas tardes de esta temporada primavera-verano. Porque la proteína del gym sabe mil veces mejor con leche que con agua (admítanlo, con agua sabe a tristeza). Y porque hace que los vegetales tengan un glow up delicioso y cremoso; mi favorita, por mucho, es la crema de champiñones casera.

Tomamos leche porque tiene el superpoder de transportarnos en el tiempo. Un solo sorbo nos lleva de vuelta a la infancia, a esas mesas largas rodeados de seres queridos que hoy ya no están físicamente, o a esos caóticos días de escuela, peinándonos a toda velocidad frente al espejo antes de salir corriendo a tomar el transporte.

La tomamos porque es practiquísima. Porque nos resuelve la vida en cualquier momento del día y nos da un respiro en medio del caos. ¿Hay otro alimento que sea así de versátil, nutritivo y reconfortante? Lo dudo mucho.

De la pantalla grande a tus oídos

La leche nos encanta tanto que incluso se ha convertido en la gran protagonista de obras maestras del cine. Es imposible no pensar en La Naranja Mecánica (Stanley Kubrick, 1971).

O en el clásico de suspenso Sospecha (Alfred Hitchcock, 1941), donde un vaso de leche —iluminado por dentro con una bombilla para generar un halo de luz casi hipnótico— se convierte en el centro de toda la tensión y el peligro de la escena.

Y más recientemente, cómo olvidar la máscara de perturbadora inocencia de la villana en ¡Huye! / Get Out (Jordan Peele, 2017), quien saborea un vaso de leche fría con un popote mientras busca a su siguiente víctima. Pocas cosas son tan cinematográficas como el fuerte contraste visual del blanco de la leche.

Pero la cultura pop no solo vive de imágenes; la música también ha celebrado este alimento desde siempre. Canciones como "Arroz con leche" o "Señora vaca" endulzaron la infancia de muchos de nosotros y lo seguirán haciendo por generaciones. Por eso, para cerrar este viaje de nostalgia y practicidad, te comparto un par de adaptaciones de canciones clásicas (y no tan clásicas) donde nuestra querida leche es la estrella absoluta del show.

Track 1: "Arroz con leche" (Versión moderna del clásico infantil)

(Ritmo alegre, ideal para cantar mientras preparas el desayuno)

Arroz con leche, yo me quiero servir,

con una Lala fría que me haga sonreír.

Que no use cartón de ese difícil de abrir,

que tenga tapita fácil de girar para mí.

Con esta sí, con esta no,

con esta lechita me desayuno yo.

Sin derramar, sin batallar,

¡giras la rosca y a disfrutar!

Track 2: "Sabor a Leche" (Parodia de balada clásica)

(Para cantar con sentimiento y taza en mano)

Tanto tiempo disfrutando de tu aroma,

en mi café de cada despertar,

que casi me parece una locura

pensar que un empaque me iba a limitar.

Pero Lala llegó con su tapón de rosca,

y el "abredifícil" por fin se terminó.

Hoy te bebo fría, cremosa y deliciosa,

y bendigo al genio que lo diseñó.

No me importa si eres deslactosada,

entera, con extra calcio o light,

tú me llevas directo a la infancia,

y en las prisas del día... ¡qué bien me caes!

✍🏻
@elefigueroa

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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