Por María Elena Ríos
Hoy será la audiencia más importante de mi vida, porque ya es la definitoria. Se definirá si mi feminicida, José Antonio Vera Carrizal, sale formalmente tras ser absuelto o se quedará a continuar el proceso para que yo tenga la posibilidad de verlo sentenciado. No, él no está sentenciado ni yo he tenido justicia.
Para quienes no me conocen, quiero platicarles de mi caso. Mi nombre es María Elena Ríos Ortiz, impulsora de la Ley Malena en México en contra de la violencia ácida, que es cuando atacan a mujeres con ácido, sustancias corrosivas o químicas para con el fin de quemarlas y matarlas.
Soy sobreviviente de un feminicidio en grado de tentativa con ácido, perpetrado por Juan Antonio Vera Carrizal, su hijo Juan Antonio Vera Hernández, Rubén Loaeza Charrez, Rubicel Hernández Ríos y Ponciano Hernández Yescas. Estos hechos ocurrieron el 9 de septiembre de 2019.
La verdad, cuando estuve hospitalizada no tenía idea, ni siquiera me había imaginado que este proceso legal era muy dilatado, era totalmente un mundo desconocido para mí. No conocía nada de qué es un proceso, qué implica la denuncia, los peritajes que se necesitan para acreditarte como víctima porque en México, y es algo que lamento decirlo, las mujeres víctimas tenemos que acreditar nuestra calidad de víctima y estamos sujetas a muchísima revictimización institucional, empezando por los retrasos en nuestras investigaciones. En mi caso, estoy por cumplir 7 años desde que me atacaron y no he podido obtener una sentencia condenatoria.
En todos estos años ha habido revés tras revés porque estamos en un país en donde el sistema judicial todavía falla. A pesar de que ha existido una intención de cambiarlo para bien, que hagan lo correcto, yo creo que para hacer una limpieza total todavía faltan algunos años. Sin embargo, el poder adquisitivo, el económico y los pactos políticos entorpecen todo.
Mi caso es político porque me atacó un político. Juan Antonio Vera Carrizal era diputado, era legislador en Oaxaca del PRI por el Distrito 6 y pues su poder representa una disparidad conmigo, claramente el piso no es parejo.
Entre los muchos reveses, el que nos lleva a la audiencia de este 22 de mayo, si se lleva a cabo, es el del 14 de agosto de 2024: un juez de nombre José Gabriel Ramírez Montaño absolvió a Juan Antonio Vera Carrizal por actos de corrupción a pesar de que todas las pruebas de que me intentó matar existen y están en una carpeta de investigación. La carga probatoria es irrefutable.
Sin embargo, yo me enteré de que este juez recibió 25 millones de pesos por el mismo gobernador de Oaxaca, quien hizo pública esta información. Debido a esta situación, lo absuelven, pero como yo ya había denunciado anteriormente todos los actos de corrupción, uno de ellos eran las audiencias cuando el juez decía "eso no viene en la carpeta". ¿Por qué necesito mencionar esto, compañeras? Porque un juez es un juez, no es la parte litigante, él no tiene por qué tener conocimiento de la carpeta porque por eso las partes litigantes lo tienen que convencer con argumentos técnicos, jurídicos y científicos de a quién le asiste la razón y a quién no, pero no puede ver la carpeta. Y él en varias ocasiones lo mencionó, por eso lo empecé a denunciar.
En este sentido, lo absuelven y una jueza, eh se mete al tema y cancela la boleta de liberación de Juan Antonio Vera Carrizal, Rubén Loaeza Charrez y Rubicel Hernández Ríos. ¿Por qué menciono a tres de cinco agresores? Porque uno se encuentra prófugo de la justicia, que hasta la fecha del día de hoy es Juan Antonio Vera Hernández, hijo de Vera Carrizal, y Ponciano Hernández Yescas, quien fue aparentemente asesinado dentro del reclusorio. Esta muerte a la única persona que le beneficiaba era a Vera Carrizal porque él era agresor, pero también tenía un tenía la declaración más fuerte de cómo sucedieron los hechos, cómo le pagó Juan Antonio Vera Carrizal y cómo lo contrató.
Tras esta situación, Vera Carrizal y los demás agresores ingresaron los amparos en revisión 278/2024, 279/2024, 38/2025, 55/2025, 80/2025. Eso se iba a sesionar en una audiencia el pasado 14 de abril de 2026, casi 2 años después.
Pero cuando vi la audiencia pública me enteré que la Fiscalía General de la República solicitó la atracción de mi caso a la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Pasan algunos días y me percato que en la Suprema Corte de Justicia pues ya estaba en el orden del día para el 13 de mayo sesionar mi caso, pero esto no quiere decir que ya existiera una atracción. Cuando la Corte decide atraer un caso, primero lo hace a través de una votación y no obtuvimos los votos completos.
Yo comprendo que probablemente no fue con una situación de alevosía o de causar algún daño, porque claramente mi mi situación es pública, es evidente. Cada que me ven pueden ver cómo llevo la carga del delito en mi cuerpo, en las cicatrices. Quiero pensar que a veces un error técnico o una jurisprudencia mal planteada, no justifica bien un criterio para poder atraer. Entonces el caso se regresa nuevamente a los tribunales de Oaxaca, hasta el día de hoy.
Este viernes 22 de mayo es muy importante y hago énfasis en que sería una libertad oficial o formal. Porque Vera Carrizal está libre. He denunciado desde diciembre de 2024, que a diferencia de muchas personas presas donde ni un paracetamol se les da, él tuvo el lujo de salir de prisión para ir a una cita médica en un hospital privado bajo el pretexto de que tenía una hemorroide y porque sufría de depresión. Ni el perito médico de la Fiscalía, ni la Secretaría de Mujeres local o la Comisión de Derechos Humanos de Oaxaca han podido pasar
Lo diré claramente: él no está. Vera Carrizal está libre, fuera del hospital, fuera de la cárcel. Y es inaudito que exista tanta corrupción a la vista de todas y todos. Lo peor, que esta situación ya está siendo aprovechada como técnica de evasión de justicia para otros criminales que se están haciendo pasar por enfermos. Están haciendo lo mismo en Oaxaca y nadie lo está frenando. El Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca no está haciendo algo.
¿Qué es lo que pasa? ¿Para qué tenemos una presidenta del tribunal si no va a tener orden con sus jueces?
Quisiera hacer un llamado a las autoridades federales, a la Secretaría de Seguridad Pública, a la Secretaría de Gobernación, que por favor no me olviden. He tenido tres ataques aún teniendo la medida de protección federal. Los mismos policías de protección federal han sido agredidos por esta familia, aprovechándose de que son mujeres y ellos no pueden reaccionar con una mujer, aunque su protocolo es una reacción.
Se ha tratado de deslegitimar mi dicho y no solamente mi dicho, es mi vivencia, mi dolor, con campañas digitales, campañas de odio, odio que se ha materializado de manera en violencia digital en todo el estado de Oaxaca en donde dicen que soy una oportunista, que solamente quiero dinero, que yo me maquillo las cicatrices; inclusive se han atrevido a decir que pertenezco al crimen organizado.
Hoy yo quiero confiar, yo quiero dar el voto de confianza. Hubo una reforma al Poder Judicial y decido confiar nuevamente en el Estado. Voy a confiar. Voy a confiar en que no saquen de la cárcel a un criminal, a un asesino, a un feminicida. Es mi voto de confianza.
Hoy se va a decidir, de manera definitiva, si este criminal que me intentó matar de la manera más vil y cobarde, saldrá.
Yo me siento triste, me siento muy cansada porque no es fácil luchar durante casi 7 años, no es fácil lidiar con toda la violencia que paga este criminal, porque sí, él paga para que publiquen cosas malas que no pertenecen a mi realidad.
Sea cual sea la decisión del juez, trataré de salir adelante gracias al acompañamiento, apoyo y cariño de las compañeras, y que al final dimos la batalla, hasta el último momento.
Ya entendí que estuve siempre en desventaja y que di lo mejor de mí, di lo humanamente posible, quizá me atrevería a decir hasta lo imposible. Se dio la batalla jurídica con las abogadas e hicimos todo lo que pudimos, todo lo que era lo correcto y si el Estado falla, el Estado es el que queda mal, no yo, porque al final yo como sea con miedo, porque tengo miedo, yo no voy a permitir que el miedo me me paralice.
Y estoy satisfecha porque he logrado con las compañeras que los ataques con sustancias corrosivas conocidos como violencia ácida sean reconocidos o tipificado como feminicidio en grado tentativa en al menos 18 entidades federativas, porque esta violencia no era siquiera un delito, ni siquiera era un delito y eso es inaudito. Se han logrado cambiar las leyes de mi país y puedo decir abiertamente que la lucha no fue en vano. Sí, a lo mejor el sistema puede fallar, pero no nos hemos fallado a nosotras mismas.
Hoy agradezco a todas mi compañeras por reanimar el fuego que pensé que ya había muerto en mí. Agradezco que sigan conmigo y también me lean.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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