Por María Emilia Molina de la Puente*
Llegó la Flaca al juzgado
y se encontró una función:
mucho títere togado,
todos del mismo patrón.
Uno grababa en su estrado,
otro se puso a bailar;
un asunto estaba listado,
pero podía esperar.
Con solemne ceremonia,
otro presumió un bastón.
La Flaca, con parsimonia,
preguntó: «¿Y la razón?».
«¡Soy un juez muy afamado,
tengo respaldo y carrera!».
«Pues resuelve lo planteado».
«Que me den la línea y viera…».
La Justicia, en un rincón,
vio pasar tanta impostura:
«Me ofrecieron renovación
y me dieron sepultura».
Y al buscar a Democracia,
la encontró tras un portón:
«Me anunciaron con gran gracia
y me usaron de telón».
«No nos lleves, Calavera,
que aún tenemos un pendiente:
sacar la justicia afuera
y entregársela a la gente».
Se fue diciendo la Muerte,
tras contemplar la función:
«¡Qué triste les quedó el fuerte!
¡Pura toga y sumisión!».
*María Emilia Molina es abogada mexicana, doctora en Derecho, magistrada de circuito en retiro, académica y activista por la independencia judicial y la igualdad de género.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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