Por Farah Ayanegui*
“La vida no siempre nos pide elegir un camino. A veces nos pide entender cómo se conectan los que ya recorrimos.”
Cuando tenía 18 años tuve que elegir qué quería estudiar para dedicarme a ello el resto de mi vida. Lo curioso es que nadie parecía encontrar extraña esa pregunta. A esa edad apenas estaba descubriendo quién era, qué me gustaba, cuáles eran mis talentos y qué lugar quería ocupar en el mundo. Sin embargo, debía tomar una decisión que supuestamente definiría mi futuro profesional.
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