Por Frida Mendoza
La muerte siempre es un hecho doloroso para quienes nos quedamos en la tierra y nos toca vivir ese proceso largo, extenuante, con sus subidas y bajadas en el que procesas la ausencia llamado duelo. Pero para las familias de quienes son víctimas de un crimen este proceso se complejiza muchísimo más: el dolor por la muerte, el dolor por la búsqueda de justicia y el dolor por tratar de destacar en un mar de tragedias.
Ha pasado un mes desde que Ana Febe Rojas fue víctima de feminicidio. Días atrás, hablé con su hermana Axa para tener una actualización pues la presidenta Claudia Sheinbaum habló del caso en la conferencia matutina del 14 de abril, señalando que se le daría seguimiento desde la Fiscalía de Feminicidios de la Fiscalía central en Ciudad de México.
Esa mención, de un minuto con 24 segundos, fue crucial para que el caso en ese momento avanzara. La condena fue la habitual de parte de la presidenta, hizo precisiones sobre la tipificación del feminicidio, aseguró que la investigación avanzaría y, claro, que llegaría la justicia… ¿Cuántas veces no hemos escuchado algo así?
Axa me comentó en aquel momento que la familia experimentó una sensación agridulce. Por una parte lo que habían exigido estaba siendo escuchado al fin: las Fiscalías de Cuajimalpa y capitalina la citaron para dar seguimiento. Pero por otra parte, tanto la hermana de Febe como toda la familia tenían claro que si lo lograron fue gracias al ruido que hicieron.
Porque sí, obtener un minuto de atención de la presidenta implicó horas de entrevistas de la familia de Febe a medios, horas de repetir una y otra vez cómo la hallaron o qué había dicho de su esposo, horas en redes sociales etiquetando a todas las autoridades, horas esperando en el Ministerio Público. Y sí, esas horas se canjearon a cambio de no poder llorarle en un espacio seguro, de no poder vivir su duelo.
Pero bueno, como Axa me decía: todo valía por tener justicia para su hermanita.
Y en esas estábamos cuando el feminicidio de Edith ocurrió en la Benito Juárez y luego, el feminicidio de Carolina en Polanco. Más víctimas, más dolor, más duelos incompletos.
Y vaya, por unos segundos podría detenerme a pensar y decir: “uf si como periodistas quedamos rebasadas por el avance de los casos, ¿cómo estará de rebasada la Fiscalía y todas las oficinas que atienden la violencia feminicida?” Pero esa empatía me es compleja porque si hemos llegado a una crisis de este tamaño es porque la impunidad -documentada por ejemplo por Amnistía Internacional- ha envalentonado a que más personas cometan crímenes sin que haya consecuencia alguna.
Es difícil pensar en eso, pensar en que de pronto no podemos entrevistar a todas las familias víctimas indirectas del feminicidio. Y más duro es pensar que conforme avanzan los casos, se investiga con celeridad a la víctima más reciente y todas las demás se empieza a rezagar.
Apenas este martes la familia de Febe encabezó una reducida movilización en Paseo de la Reforma, lo hicieron mientras temen por su seguridad porque el feminicida sigue libre y ellas han señalado a posibles cómplices en el caso. Lo hacen porque a los pocos días de ser vistas por la presidenta, nuevamente se hicieron invisibles.
Y el problema, me dice Axa, radica en que tenga que llegar hasta oídos presidenciales para que la investigación avance un poco pero después deban regresar al “hey, pongan atención”. Nadie tendría por qué recordarle a las autoridades que hagan su trabajo, que no filtren información sensible a terceros, que no se presten a discursos revictimizantes.
Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero a marzo de 2026 suman 518 mujeres víctimas de feminicidio (148) y homicidio doloso (370), sin contar a las 688 mujeres víctimas de homicidio culposo, dentro de las que todavía se encuentra clasificado el caso de Febe… ¿Cuántas familias pudieron vivir un duelo dignamente, con la tranquilidad de que se haría justicia? ¿Cuántas de las 6 mil 019 víctimas de 2025 han tenido justicia?
Y como esta cifra parecería nunca acabar… regreso al punto: lo mínimo que merecen las víctimas o sus familias es que después de tanto haya un compromiso real por investigar, que los procesos de declaración fueran más ágiles, más eficientes, más ágiles… más humanos y les permitan que puedan vivir su duelo.
Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.

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