Por Sonia Garza González*
Desde que tengo uso de razón me rompen las noticias malas que envuelven historias donde hay infantes involucrados, y me refiero a aquellas que van desde lo triste, lo inaceptable, hasta lo deleznable. Y justo, una conversación reciente cimbró mi alma. Hasta hace unos días no sabía que existiera el Síndrome Wendy y me impactó el nivel de influencia que afecta mucho a algunas niñas.
El Síndrome Wendy se refiere a un patrón de comportamiento en el que las niñas, desde temprana edad, aprenden ―porque las instruyen― a priorizar las necesidades y deseos de los demás sobre las propias. Este comportamiento se manifiesta en la búsqueda constante de aprobación y aceptación, donde la niña se convierte en una "niña buena", tratando de adaptarse a las expectativas externas, especialmente las familiares. Esta dinámica puede llevar a una serie de emociones negativas, como inseguridad, ansiedad, frustración, desvalorización de sus necesidades y culpa.
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