Por Ingrid Motta

Mandaste el currículum. Cumplías el perfil, tenías la experiencia y escribiste una carta de presentación impecable. Nunca te llamaron y nunca supiste por qué. Del otro lado no había una persona leyendo tu nombre, sino un sistema que simplemente te ignoró.

Cada vez más empresas grandes usan inteligencia artificial en algún punto de su contratación, y el argumento de venta es siempre el mismo: la máquina es objetiva, no se cansa, no tiene un mal día, no prefiere a quien se le parece. Un modelo de reclutamiento aprende a reconocer al buen candidato observando a quién contrató la empresa antes, y si en ese historial el éxito tuvo durante décadas cara de hombre, el sistema aprende que el éxito tiene cara de hombre. No corrige el sesgo humano que venía a resolver, sino que lo hereda, lo ejecuta a escala y lo esconde detrás de las matemáticas.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.