Por Ivabelle Arroyo
No soy aficionada al futbol, pero cuando llega el Mundial empiezo a preguntar todo: ¿Quién es Quiñones? ¿Cuál es nuestro portero? ¿Por qué Brasil no es el mismo de siempre? Total, una ignorante absoluta -no se burlen-, pero me esfuerzo para fundirme rápido y me descubro muy pronto haciendo exactamente lo mismo que millones de mexicanos. Veo los partidos, ya conozco a los comentaristas de los distintos medios, hablo con todo mundo del último gol, veo partidos que jamás habría buscado, aprendo los nombres de jugadores que olvidaré en unas semanas, me pongo nerviosa, grito, bebo y digo para todo: ¿y si sí?
Te puede interesar:

La pregunta aparece por todas partes. Me gusta porque no habla únicamente de futbol. Habla de esa disposición tan extraña que tenemos los mexicanos para creer, incluso cuando la experiencia nos aconsejaría ser prudentes. Esa disposición aparece al comprar un boleto de lotería, al voltear un santo de cabeza, al iniciar un negocio, al salir sin paraguas y al ver a la selección.
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...
