Por Laura Carrera
Hace unos días millones de mexicanos salieron a las calles a celebrar el triunfo de la Selección. Las imágenes recorrieron el país: familias enteras reunidas frente a una pantalla, plazas llenas, abrazos entre desconocidos, lágrimas de emoción, banderas ondeando y un grito colectivo que, por unas horas, pareció hacernos olvidar todo lo demás.
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Y qué bueno que todavía podamos alegrarnos. La alegría es una emoción profundamente humana. Nos une, nos recuerda que seguimos vivos y fortalece nuestro sentido de pertenencia.
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