Por Ivabelle Arroyo
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Esta semana vi circular una de esas joyas de internet que me hacen dudar de nuestra supervivencia como especie: “Te obligan a ponerte máscara, te asustan con el covid, te obligan a usar lentes durante un eclipse y ¿no sospechas nada?”. Después venía la explicación, naturalmente: los amos del mundo quieren impedirnos ver algo que ocurre en el cielo. Miles de personas compartieron aquello.

También recuerdo algo más complejo que parece mentira: a la presidenta decir que México es el país más democrático del mundo porque elegimos a nuestros jueces. Una parte de la frase es cierta —los elegimos mediante votación— y la otra es una conclusión bastante conveniente para Morena. Eso es propaganda, que suele ser mucho más sofisticada que la mentira porque toma un pedacito de realidad, lo acomoda, le pone moño y nos lo entrega convertido en una conclusión.

Así funciona el ruido en el que vivimos: hay mentiras descaradas, errores, propaganda, deseos que alguien confunde con hechos, engaños deliberados y hasta personas que comparten idioteces con las mejores intenciones. Todo revuelto. Por eso me preocupa tanto la tentación de combatir la desinformación poniendo a alguien a decidir qué podemos escuchar, leer o mirar; para protegernos de la mentira habría que inventar un guardián de la verdad y, una vez inventado, confiar en que nunca lo controle un gobierno mentiroso. Suerte con eso.

Yo prefiero otra defensa, aunque sea bastante menos espectacular: ser difíciles de engañar. Si alguien me dice que puedo mirar directamente un eclipse, tengo suficiente información previa para sospechar; si un gobierno afirma que somos la democracia más democrática del planeta porque elegimos jueces, puedo preguntarme qué pasa entonces con los contrapesos, la libertad de prensa, las elecciones competitivas y las instituciones independientes. No necesito que una autoridad me proteja de ninguna de las dos afirmaciones; necesito herramientas para examinarlas.

A eso se le llama alfabetización mediática (media literacy) y pone el acento en preguntar qué necesitan los ciudadanos para que sea más difícil engañarlos. Existen ya varios índices internacionales y les recomiendo echar un ojo al Media Literacy Index porque ese mira justamente cosas como educación, libertad de prensa, confianza social y capacidad para participar en un ecosistema informativo plural. Nada muy sexy, me temo: escuelas, periodistas, libros, experiencia, conversación pública y mucha información. Lo malo es que no compara a todos los países del mundo y lo peor es que no incluye a México.

Pero pone lo importante sobre la mesa. Yo me quedo con la solución lenta, imperfecta y profundamente liberal; quiero mucha información circulando, buen periodismo, educación y ciudadanos capaces de mirar una barbaridad en X, una afirmación presidencial o incluso una columna como esta y preguntarse, con toda la insolencia: ¿a quién quieres engañar?

✍🏻
@ivabelle_a

Las opiniones expresadas son responsabilidad de sus autoras y son absolutamente independientes a la postura y línea editorial de Opinión 51.


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