Por Laura Carrera 

En México ocurre algo profundamente. Y no es solamente  la violencia, o las desapariciones, o la corrupción o el miedo cotidiano. Me refiero a algo más silencioso y quizá más peligroso: nos estamos acostumbrando emocionalmente a todo. 

Nos acostumbramos a escuchar sobre cuerpos encontrados como si fueran parte del clima. Nos acostumbramos a las madres buscadoras cavando con sus propias manos mientras el resto del país sigue desayunando. Nos acostumbramos a que asesinen candidatos, periodistas, policías, niñas, jóvenes; a que los levanten para trabajar para el crimen organizado. Nos acostumbramos a ver videos brutales entre recetas de cocina y bailes de TikTok. Nos acostumbramos incluso a que nos mientan. Y este quizá es uno de los daños más profundos.

SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.