Por Laura Pérez Cisneros
Antes de que existiera la cabina, existió el espejo.
Antes del noticiero, existieron los mapas.
Antes del micrófono, hubo una niña que hablaba sola para sentirse acompañada.
Me contaba mi mamá que, cuando me dormía, para que no me sintiera sola, me ponía bajito, en una esquina de la cuna, un radio pequeñito de pilas. No se imaginó que esa bebé nunca lo abandonaría.
—¡Deja de treparte al lavabo, que lo vas a romper! —me gritó mamá.
SUSCRÍBETE PARA LEER LA COLUMNA COMPLETA...