Por Martha Ortiz

Siempre he pensado que estoy hecha de masa de maíz —como leí en el Popol Vuh— y que, después de nacer, al ser masa cruda que siempre requerirá más cocción —es decir, más carácter vital y culinario—, tomé forma y sabor con personalidad y fuerza. La cocción debe ser al vapor, pero —por advertencia de cocinera diestra— este método culinario tiene que ser suave, delicado, a fuego manso, lento; es decir, con la lumbre pintada de azul en las hornillas, para que las virtudes del sabor le ganen, en este caso, a los defectos y vicios que provoca el fuego arrebatado.

Escogí una cama de hojas deliciosas y esponjosas para el descanso durante la cocción culinaria y escuché, en el fondo de la olla profunda, cantar con amor a las monedas cuando el hervor rompió en llanto, anunciando que estaban listas para recibirme. Con este mandato culinario y método infalible, mi piel terminaría por ser esponjosa, humeante, pareja, sensual.

Mujeres al frente del debate, abriendo caminos hacia un diálogo más inclusivo y equitativo. Aquí, la diversidad de pensamiento y la representación equitativa en los distintos sectores, no son meros ideales; son el corazón de nuestra comunidad.